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LA GESTION DE LA IMAGEN DE LA CIUDAD por Norberto Chaves.

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Siempre me ha tocado, -cada uno tiene que asumir el rol que le dio la historia-,
desempeñar cierto papel de francotirador; por culpa mía, por no estar de acuerdo, si
no estaríamos totalmente integrados. El tema para el cual se me invitó, era la gestión
de la imagen de la ciudad y esto ya promete una información o una transferencia de
conocimientos técnicos, como indica el propio concepto de gestión. Metido a pensar el
tema, me doy cuenta que era materialmente imposible, mejor dicho no recomendable,
darle ese carácter técnico; primero por que requeriría mucho más tiempo y segundo
por que se hace indispensable, -al entrar en los temas técnicos-, dejar zanjada toda
una esfera problemática previa que son las posiciones culturales al respecto de lo que
es la ciudad y es absolutamente falso suponer que esta concepción, la concepción de
lo que es lo urbano, es homogénea y compartida por todos. Por lo tanto, entrar en lo
técnico sin dar una posición clara de lo que estamos pensando por identidad e imagen
urbana, de hecho llevará a malas interpretaciones.

Soy asesor en identidad institucional y asesoro todo tipo de organismo, sea público,
privado, cultural, económico, etc. Un programa de identidad corporativa para una
empresa pequeña, es difícil, pero grande o mediana tiene un encuadre muy preciso
que no hace falta ni citar que es la concurrencia; los programas de identidad
institucional y corporativa son un instrumento de concurrencia competitiva en un
mercado, por lo tanto se hace innecesario hacer una referencia a la plataforma
ideológico-social y económica en la cual se inscriben. La cosa cambia cuando el tema
que estamos tratando es la identidad y la imagen de una ciudad, que es un bien social.
Entonces he hecho una serie de hipótesis que pueden acelerar esta exposición y la
mayoría de Uds. pueden ir acompañándome.

El título ya es sugerente: “La gestión de la imagen de la ciudad”, si no me equivoco;
no soy muy instruido en estas cosas pero la cultura urbana lleva alrededor de 5000
años. La revolución urbana ha constituido esta manera de agruparse de los seres
humanos y creo que recién en los últimos años ha ocurrido que la imagen deba ser
gestionada. Es decir, la imagen de una ciudad era el resultado espontáneo del
desarrollo socioeconómico y cultural de sus habitantes y se plasmaba con el grado de
armonía que tuviera esa convivencia, esa comunidad, y en tanto se lograba esa
armonía se generaba el patrimonio urbano que es la imagen de esa ciudad o sea que
la imagen de esa ciudad forma parte de su patrimonio. Esta peculiaridad, que
tengamos que gestionar nuestra propia imagen, es uno de los signos de nuestra
propia situación patológica; es decir, el solo hecho de tener que gestionar tu imagen
quiere decir que algo anda mal en tu alma. Para eso tendríamos que discriminar cuatro
procesos que pueden seguir perfectamente porque son una obviedad palmaria:

Primero, la construcción espontánea de la imagen urbana, es decir la imagen
urbana es el resultado acumulativo y orgánico de la historia de la ciudad. Pensemos
Venecia: es una imagen urbana, no hace falta pensar. Se te cae la diapositiva y ves
Venecia, que es el resultado de una historia conflictiva que ha construido aquella
maravilla.

Segundo proceso, es la destrucción espontánea de la imagen urbana que tampoco
podemos olvidar; hay procesos de entropía y deterioro, de enfermedad urbana, es
decir que la destrucción espontánea de la imagen urbana conduce a la
despersonalización y por tanto a una crisis de identidad.
Hay enfermedad urbana, desculturización.

El tercer proceso es la destrucción no ya espontánea sino intencional de la
imagen urbana, que son procesos que se materializan a través de los distintos
intereses en ese proceso de desculturización. Es un proceso de masificación, y el
proceso de masificación es el mercado contemporáneo; es decir que no podemos
hablar de procesos de destrucción de la imagen de las ciudades exclusivamente
espontáneos; hay procesos de destrucción de la imagen de las ciudades totalmente
programados. Así como existe lo que la gente de marketing llama obsolescencia
programada, es decir agotamiento de los productos para que se renueve el ciclo
económico, también hay una destrucción programada de la imagen de las ciudades.
Es decir, una ciudad sana, fuerte, identificada, con gran personalidad, es una ciudad
difícil de gobernar para los intereses económicos.

Decía uno de los presidentes de Coca Cola en una maravillosa documental, en una de
esas convenciones mundiales de esta multinacional, hace unas décadas -lo decía a
toda la comunidad con una ingenuidad de la cual sólo es capaz un americano-:
nosotros tenemos dos problemas, uno más pequeño y el otro mucho más grande. Un
problema nuestro es el vino, es decir Europa, y el segundo, el té, porque con cada
taza de té que toma un chino deja de beber una Coca Cola. El hombre no dijo: la
milenaria cultura del té, dijo el té, porque para este presidente el té es un líquido y no
más que eso, y como tal puede ser sustituido por otro líquido. La ventaja de los
americanos es que no tienen pudor.

Y la última, que es la pendiente, el otro proceso, es la reconstrucción culta de la
imagen urbana.

Por eso quiero señalar que la necesidad de la gestión de la imagen urbana no es un
imperativo universal de origen único. Como mínimo vamos a señalar dos: los
programas de imagen urbana pueden surgir o bien como la necesidad de explotación
del asentamiento urbano como mercado de oportunidades potenciales abiertas, o sea,
una hipertercerialización o como la necesidad de revertir los procesos de degradación
y de regenerar el tejido socio-urbano en defensa de la identificación colectiva. Son
dos necesidades, la primera es una necesidad o casi diría una oportunidad económica
de los poderes económicos; la segunda es una necesidad de la comunidad.

Lo interesante de estos dos procesos es que se suele utilizar al segundo como
recurso de legitimización perversa; no podemos hablar de comunicación social sin
hablar de perversión del discurso, por eso es que decía yo que no podemos entrar de
lleno en los procesos de gestión de la imagen urbana, sin un prólogo donde dejemos
sentado desde donde estamos hablando y hacia que tipo de reconstrucción estamos
apuntando.

Yo ordené esta exposición en diez escalones como diez hipótesis, que van a ir
avanzando hacia lo concreto, y el primer concepto que es el fundamental, es el
concepto de imagen e identidad. Es decir, si hablamos de imagen urbana en su
acepción más rigurosa nos estamos refiriendo a la dimensión simbólica de una
comunidad urbana. La imagen de una ciudad es el discurso de su identidad, es el
mensaje que esa sociedad, esa comunidad urbana emite hacia el otro y hacia sí
misma, es decir que tenemos que abandonar esta imagen más coloquial, más
superficial que asocia el concepto de imagen a un hecho puramente visual o estético.
Estamos hablando nada menos que de la imagen, hablemos en términos
psicoanalíticos, es decir, es la identidad vuelta imagen, más parecido al concepto depaisaje.               Éste no es una serie de cosas que se ven, sino un discurso poético sobre la naturaleza;                    si es un paisaje natural, es una construcción ideológica de una comunidad
que mira; cada pueblo que mira ve cosas distintas, es una proyección de su imaginario
colectivo. Iguazú quiere decir agua grande; nosotros jamás llamaríamos agua grande
a eso, es decir que la imagen, el paisaje sea urbano o natural, no es otra cosa que una
especie de diapositiva que el alma humana proyecta sobre la pantalla de lo exterior,
por lo tanto es un tema delicado. No son unos colorines o unos logotipos, o unos
buzones o unas farolas o unos adoquines, es un paisaje: es decir un discurso con
oda, su sintaxis, su morfología, su estructura retórica. Es decir, es una escenografía
urbana en la imagen urbana que narra el drama de esa comunidad , y tal como sea la
escenografía será ese público, será ese actor, será su personalidad. Recíprocamente
una imagen urbana anodina, indiferenciada, está indicando un proceso posiblemente
acelerado de anomia, es decir la disolución de los sistemas de valores. La delincuencia  urbana no es un hecho inexplicable: es un subproducto de procesos de
anomia. Cuando un muchacho con un aerosol pinta la pared recién pintada de una
pieza del patrimonio histórico, está indicando un espectacular proceso patológico, es
decir que entre la imagen y la identidad no hay otra cosa que los dos lados de la
misma moneda.

El segundo punto es la relación entre identidad y continuidad. Sostengo que la
identidad urbana debe entenderse como el conjunto de atributos estables de una
comunidad, que se recrean a lo largo de la historia indicando su continuidad como
sujeto colectivo. Si hablamos de identidad estamos en el universo de la permanencia;
este concepto con el correr de los minutos se convierte en un concepto revolucionario
porque es lo que contrarresta al mercado. La identidad no es sólo aquello que
permanece a través del cambio sino aquello que es confirmado por el cambio; cambio
para parecerme a mí, ésta es la dialéctica. El pensamiento simplista que opone a la
continuidad el cambio es un pensamiento unilineal, unidimensional que no puede
pensar, por ejemplo, el propio pensamiento de la persona. Yo ya no soy el de ayer, yo
ya tengo que usar gomina porque el pelo ya no lo domino porque se me sigue
cayendo; pero sigo siendo yo, es decir hay una continuidad en el cambio, este pensar
elementos polares es lo que indica la presencia de algún signo de inteligencia. La
oposición entre ruptura y continuidad, es la posición del maniqueísmo, de la gente que
no puede pensar la vida, ahí están todos los conservadores y todos los progresistas...

La tercera hipótesis vincula la identidad con la comunicación. La imagen urbana, en
tanto mensaje identificador es un hecho de comunicación y obra tanto hacia el
receptor externo como sobre la propia comunidad urbana: identifica y autoidentifica.
Miro el espejo para autoimitarme, hay una tarea de la identidad; yo busco en el espejo
a ese yo que quiero seguir siendo para no enloquecer. La imagen urbana es
exactamente lo mismo: es el espejo en que una comunidad cada mañana vuelve a
reconstruirse a sí misma en sus certezas, en sus seguridades de lo que es. Casi diría
que la comunicación de la imagen hacia el otro, hacia el tú, es un efecto secundario de
menor importancia que ese mirarse uno mismo en esa calle, en esa plaza, en ese río,
en esos palacios. Es un acto subliminar y por eso es un acto de altísima potencia
transformadora, porque prácticamente no pasa por la conciencia, va al alma directo:
el ciudadano en uso de su escenografía va perfeccionando su actuación o la va
degradando. Por eso tenemos que pensar la imagen urbana, que es un acto de
comunicación, como un acto productivo, no solamente un reflejo simbólico; es una
maquinaria reproductiva de la identidad, es decir hay que ver la imagen en su función
dinámica. No se trata simplemente de una foto, se trata de una maquinaria
reproductiva, reproduce a la comunidad. No estamos hablando de estética o de
cosmética, o podríamos hablar de cosmética si comprendiéramos el sentido profundo
de la cosmesis y lo mismo de estética. Hay una articulación dinámica entre identidad y
comunicación: nadie es nadie antes de haber hablado. Cuando llegó Viernes a la isla
de Robinson Crusoe es cuando éste se alivió, porque pudo seguir siendo él. Uno es
en la comunicación y a su vez la comunicación siempre identifica aunque no
comunique nada conscientemente orientado a identificarme. Dime cualquier cosa y te diré quien eres, en tu tono de voz, en la retórica que uses aunque me estés hablando
de la humedad, me estás hablando tú y esa es la capa de identificación que hay en tu
discurso y en la imagen urbana, igual. Es decir, este acto de comunicar es un acto de
autocomunicación. Subrayo como muy importante esto porque la imagen urbana precisamente
por lo potente que es la ideología del mercado- está siempre pensada
como un mensaje que arrojo hacia el turista, no ya solo hacia el tú, hacia el turista. Sin
embargo, podría no venir nadie pero ya nosotros somos suficiente para mantener
aquello en buen estado. No hace falta que nadie me huela para que yo me duche por
las mañanas.

La cuarta hipótesis vincula la comunicación con sus soportes. Cuáles son los soportes
de la identidad urbana? Aquí hay otra restricción que hay que superar: el pensar que
los soportes de la identidad urbana se limitan a la infraestructura material. Una ciudad
que sólo es una infraestructura material es una ciudad fantasma. Los soportes
significantes de la identidad urbana son el conjunto del patrimonio urbano, material,
habitado, es decir el conjunto de objetos y el conjunto de sujetos actuándolo. Y no
podemos hablar de imagen urbana sin hablar de la síntesis entre sistema de
infraestructura y sistemas de actividades. La actividad resemantiza. Si yo en una
catedral pongo un prostíbulo, esa catedral ya no se puede llamar catedral; podríamos,
metafóricamente llamarla catedral del sexo o algo así. Pero esas piedras se vuelven
inverosímiles; pueden ser las mismas, pueden haberlas recuperado con el cepillo de
dientes, limpitas, perfecto, los arqueólogos encantados, pero resulta que ahí las
actividades que se cumplen producen un efecto de demolición tan poderoso como las
topadoras; en muchos casos es conveniente la demolición. Si la recuperación se
produce mediante una demolición simbólica es preferible olvidar rápido lo que había
allí por que si no voy a tener permanentemente la imagen sangrante de la pérdida.
Hay casos en que la demolición es recomendable si no hay posibilidad de defensa y la
reconstrucción del bien y la defensa implica la conservación de aquel sistema de
actividades que le da sentido como tal bien . Esto es una obviedad. Todo lo que estoy
diciendo es una gigantesca tontería , pero esta sociedad no lo sabe. Existen múltiples
ejemplos de ciudades que han sufrido un proceso de rediseño y potenciación de su
imagen urbana, que condujeron a la destrucción del sistema de actividades y por lo
tanto a la pérdida del sentido de toda su infraestructura material. Reclamamos
entonces una concepción global, integral de la imagen urbana y de sus soportes
significantes como ciudad viva y en acción. Así como puedo medir la calidad de una
pieza arquitectónica histórica, debo estar en condiciones de poder medir la calidad de
un sistema de comportamientos. Hay buenos comportamientos y malos
comportamientos y para poder gobernar tengo que saber, que es el bien y que es el
mal, por más difícil que sea. Hay que comprometerse con una postura ideológica ética.

El quinto punto entra en terreno crítico: identidad y desidentificación. Aquí podemos
sostener que el carácter no-sostenible que ha adquirido el desarrollo urbano
espontáneo se reproduce inevitablemente en el plano de la identidad: el desarrollo
urbano coincide con un proceso de despersonalización y, recíprocamente, la identidad
se transforma de herencia en proyecto. La identidad hay que conquistarla intencional y
proyectualmente; no podemos dormirnos en los laureles porque se pudren solos. Hay
que trabajar ya no solo espontáneamente sino explícita y voluntariamente sobre la
conservación de esa imagen urbana, es decir su identidad. Ayer pasábamos con un
amigo por una calle de Rosario y mirando el paisaje dijimos: digamos 10 ciudades; esa
calle eran esas diez ciudades, es decir despersonalización. Estaban ahí todos los
síntomas de una enfermedad urbana, un síndrome que se repite exactamente igual en
todas las ciudades que han entrado en proceso de desarrollo no sostenible. Ese
proceso de despersonalización recibe un incentivo poderosísimo, a partir de la ultima
década, con la interconexión mundial facilitada por la tecnología. El proyecto de
globalización existe desde que hubo imperialismos pero sólo la tecnología lo puso on
line. Ese es el costado negativo de la globalización si es que alguno con esfuerzo
puede encontrar lo positivo. Es decir que lo normal es degradar. La vida es un acto
artificial, requiere de permanentes apuntalamientos. Lo normal es que nos muramos,
en lo social es así. Celebro que antes que yo se hayan dicho cosas tan importantes,
por que allana el camino. Se da por natural aquello que hace el poder como si no
fuese artificial y se da por voluntario caprichoso y artificial lo que hace la gente por
tratar de defenderse; esos son los llamados. Ya desde el siglo 19 está explicado esto,
lo que pasa es que la amnesia avanza a pasos agigantados. Se trata de la
naturalización de las relaciones sociales de producción, no hay otro nombre. Se ha
naturalizado un proceso que es artificial.

El punto seis dice: gestión de imagen y ideología urbana. Las intervenciones
intencionales sobre la imagen urbana no son neutras, pues necesariamente
vehiculizan de modo consciente o inconsciente la ideología de quienes tienen el poder
para realizarlas. El pensamiento único -no se si es una expresión que se usa por aquí-
empieza con la caída del muro de Berlín. De golpe el pensamiento se transformó en
realidad. Pensar era pensar eso y pensar lo otro era ya estar loco o ser un obsoleto.
Esta ideología del pensamiento único es la naturalización de una determinada
ideología y su expansión y universalización; cuando se universaliza una ideología se
constituye una ilusión de realidad. El pensamiento se disuelve en lo real y se confunde
con él y creemos estar viendo la realidad y en realidad estamos viendo un
determinado sistema de representación tan histórico y condicionado como cualquier
otro. El mito de la caverna de los griegos famosos, confunden las sombras con lo real,

o aquél de que el rey está desnudo. Es decir la idea de que los modelos
predominantes o más generalizados adquieren el carácter de verdad, no de propuesta
sino de verdad , es un proceso natural. Es la ley natural que conduce a estos
comportamientos y a estos modos de vida. Por ejemplo, véanlo en máquinas
ideológicas reproductivas como estas especies de ideolemas de la practicidad. El
concepto de practicidad es una máquina destructiva de alto poder, porque como el
concepto de beneficio económico, en tanto deviene un tótem absoluto, universal,
legitima todo lo que toca. Aquello que es más practico queda legitimado, cualquiera
sean los efectos de esa conducta práctica. Es más practico por ejemplo llegar de un
punto a otro aunque pierdas la vida en el camino, es decir esta autopista que hemos
construido nos permite llegar más rápido: es más práctico. Este tren de alta
velocidad… Lo importante no es que lo crean los inversores que van a hacer la gran
estafa con el tren de alta velocidad, es que lo crea la gente, por lo tanto es verdad.
Este valor estadístico del error lo hace devenir verdad, que es el gran error de la
democracia, confundir estadística con verdad. Cuando la gente creía que la tierra era
plana, era verdad: era plana, no había otra representación. Pues ahora estamos igual,
de verdad que es más práctico llegar más rápido. La estructura ideológica de nuestra
ciudad debe tener no más de cuatro o cinco tótems, en todas sus combinaciones
posibles, que generan todo el discurso de la cotidianeidad, es decir el del poder. Va a
pasar por la comarca donde yo tengo mi casa el tren de alta velocidad, destruyendo
naturaleza, cultura, ecología y todo lo que quieras. Y es progreso, es bueno, nadie lo
duda. Un error socializado. Un ejemplo sobre naturalización es este artículo que se
llama “Alemania, la marca” (pensé en Rosario, la marca). El texto dice: “Alemania
desarrolla un nuevo concepto de identidad ajeno a toda línea ideológica”. Como idea
es alucinante, cinco palabras que mezcladas dan algo que es como un delirio, pero el
delirio se potencia con las que siguen: “responde a un criterio totalmente empresarial,
que logra una imagen que le permite la competencia internacional partiendo de los
medios más publicitarios para triunfar en el mercado global ajeno a toda línea
ideológica”. Llega un punto en que uno dice: es desalentador, no hay ni siquiera
maldad, es de una ignorancia apabullante, a esta gente no hay más remedio que
perdonarla. “Actualmente los estados nacionales son empresas que deben triunfar en
un mercado global”, yo no fui, señorita: él lo dice, así ve las cosas John Williamson,
jefe de consultores de la agencia de publicidad Wolf Allins con base en Londres, que
hizo la imagen de Alemania. Descubrió esta gente que el negro no es agradable, y en
vez de usar los colores para otra cosa, le cambió los colores a la bandera alemana.
Son cosas que dan vértigo… Y después, en otro rapto de brillo intelectual dice lo
siguiente: Wolf Allins (que es una megaempresa de imagen corporativa inglesa, una
multinacional muy importante) sostiene que los colores primarios, azul, rojo y amarillo,
a partir de los cuales se generan los otros colores, simbolizan la diversidad del
potencial del país y de su gente. Es decir que ni bien tengas azul, rojo y amarillo tienes
diversidad del potencial del país y su gente; es de una ingenuidad… Esta es la idea de
identidad que tienen los servicios de identidad corporativa exitosos y mundiales en el
capitalismo rozagante. Gestión de imagen implica una u otra, o alguna forma mixta de
ideología urbana: la puedes expresar, la puedes segregar pero está; creo que una
cosa que hay que dejar de lado y es la concepción de la solución única y la
unidireccionalidad. Decía -y citaré mal seguramente- el gran utopista Proudhon: “Si
decís que lo que propongo es utópico, os pido que preguntéis por qué”. Esta es la
pregunta explosiva, sí es utópico vale, ahora te voy a explicar por qué. Esa segunda
pregunta es la que no hay que hacerse por que pone nervioso, te pone nervioso a ti, a
la gente, a la policía, por ejemplo a los que protestaron contra el Banco Mundial en
EEUU; sorprendente reacción de violencia del poder.

Aquí viene uno de los temas que yo he mamado en mi ciudad, en la cual vivo desde
hace 23 años, que es Barcelona: gestión de imagen y marketing urbano. En la
sociedad de mercado la gestión de la imagen urbana nace como un instrumento
estratégico del marketing urbano, o sea de la gestión empresarial de la ciudad
conforme el modelo concurrencial, ideología que acelera el proceso desidentificador.
Es decir, hay formas de estado que obran no como atenuadoras y equilibradoras sino
como aceleradoras de los procesos de degradación social, es decir el estado cumple
en esos casos la función de desbrozar el camino creando los elementos legales,
políticos, administrativos para que avance el proceso anómico; esto es lo que ha
ocurrido en Barcelona.

La octava hipótesis, sobre marketing urbano y sostenibilidad cultural, dice: la gestión
de la imagen urbana orientada a la sostenibilidad cultural difiere sustancialmente de
los programas de marketing urbano: tiene objetivos opuestos y procesos más
complejos aunque deba incluir operativos de mercado. Aquí cito -lo voy a citar mal
también, por que no he encontrado el artículo-, un artículo de Jordi Borja que está
hablando de las oportunidades, es decir la coyuntura de las oportunidades históricas,
de eventos, para generar desarrollo urbano. El dice claramente que en la medida en
que esa oportunidad deja de ser controlada por el proyecto global, éste pasa a ser
una manifestación de esa oportunidad; que si esa oportunidad es juegos olímpicos o
cualquier evento que dinamiza, concita la atención y concentra un mercado, no hay
que rechazarlo y él con mucho sentido común lo reivindica. El gran dilema es saber
hasta qué punto tú tienes poder político y económico y técnico para que ese proyecto
no se te vaya de las manos y no te transformes tú en un instrumento político de otros
que sí tienen la sartén por el mango. Esto es de una obviedad total, pero se trata de
ocultar. A 2 km. de mi casa de campo están construyendo un parque temático: Uds.
imaginen mi estado de ánimo. El parque temático se hace con el discurso perverso de
que es un parque temático de tipo ecológico. Entonces van a meter ahí 10000 pájaros:
yo no puedo creer que no haya una ley que prohiba tener pájaros en cautiverio. Y ahí
van a llegar las playas de estacionamientos que son los autocares, miren qué
ecológico, que bajan a los turistas que vienen de Puerta Ventura, otro parque temático
clásico de tipo Hollywood, es decir que hacen una especie de entente entre dos
parques temáticos; venta cruzada se llama en marketing. Eso bien puede ser una
alteración tremenda, es decir que el argumento ya viene más sofisticado, entonces
buscan temas para los parques temáticos que levanten menos ampollas y al paisano
de turno le venden que como son pajaritos... Adentro del parque están los fast food,
además dice el periódico que va a haber tres fast food. Hay una diferencia estructural
entre marketing urbano y sostenibilidad cultural; vender ciudad no es sinónimo de
reidentificar una comunidad urbana.

Si el proceso de reidentificación y recuperación de la imagen y la calidad de una
ciudad debe instrumentar operativos de marketing, es algo que debe analizarse y
controlarse y usarse pero no es sinónimo; yo no puedo pensar que quiero vender esta
ciudad y además decirlo así: para vender Barcelona. Barcelona ha sido un ejemplo en
las últimas décadas de mayor éxito de un proyecto de marketing urbano, es decir el
posicionamiento de Barcelona en el imaginario colectivo de Europa y del mundo
entero es espectacular; el posicionamiento es tan espectacular que los problemas que
tiene la ciudad desaparecen ante la mirada no sólo de los turistas sino de los propios
barceloneses. El deslumbramiento universal produce un autodeslumbramiento y la
gente no ve el proceso de degradación. Es maravilloso lo que puede la ideología, cada
vez la admiro más.

El rey está desnudo: alguien lo tiene que decir. Sostenibilidad cultural no es un
concepto economicista, esto es fundamental pensarlo, evidentemente tiene que tener
un proyecto económico, es un concepto integrador, piensa a la comunidad en su
totalidad, con infraestructura, superestructura y todo lo que haya en el medio. Se
propone equilibrar fuerzas opuestas para el bien de la comunidad, no optar por una de
ellas, no pasarse a la fuerza que está generando precisamente la degradación.
Tendríamos que empezar a hablar de procesos de reidentificación intencional de la
ciudad generados por políticas correctivas de salvaguardia y de desarrollo urbano
positivo; la imagen se incorporaría perfectamente dentro del concepto más avanzado
de planeamiento urbano. No es vender ciudad, es recuperar la salud.

Leí en el texto del programa una frase que me gustó mucho: “atreverse con la
economía”. Yo quisiera proponer la de “atreverse a la cultura” no con la cultura sino a
la cultura; si partimos de la base que ese proyecto hay que abandonarlo o renunciar
por utópico, es que estamos acelerando el proceso. Si salvamos a una sola
generación hemos salvado a un montón de gente, ya esa pensará en la siguiente; es
un pensamiento positivo, no positivista. Esto es algo fundamental y es lo que no me
gusta de la consigna de lo futuro, siempre he sostenido que no hay ninguna manera de
defender el futuro si el valor no se lo construye en el presente, odio el futuro, es lo que
me distrae de las responsabilidades del presente. Es decir yo creo que el futuro debe
ser ya olvidado, hay que construir el presente ya, ahora o nunca. El futuro es un
concepto de derechas, antes era otra cosa, es un concepto de derechas. La derecha
dice: ahora hay que acumular, luego repartiremos. Eso lo viene diciendo más o menos
desde el Renacimiento. Usted es un idealista porque para repartir primero hay que
tener: entonces tengamos, tengamos, tengamos, pero nunca llega el momento de
repartir, por lo tanto el futuro que se lo pongan donde les quepa. Es el presente lo
que hay que defender, los seres humanos vivos, porque además cada día hay menos
garantía de futuro; es una hipoteca tonta el futuro, el futuro se construye hoy, en la
estricta medida que mejoremos el presente estamos construyendo el futuro, otra
estupidez que me da vergüenza decirla. Pero en todas las consignas políticas de
derecha, de izquierda, de centro aparece el maldito sujeto éste que nadie lo vio nunca
y que se llama futuro. La ciudad hoy, limpia hoy, digna hoy y aquí viene el problema
porque hay que tener alguna idea de lo que es la dignidad y creo que la estamos
perdiendo aceleradamente.

Esta mañana bajé a desayunar y el comedor estaba lleno de gente y un ruido
desenfrenado, no había lugar para sentarse con lo cual tenía que desayunar en el hall,
y el café me quedaba en la otra punta; vino un camarero y dije: “Voy a tomar un café
con leche nada más”, yo no soy capaz de cruzar todo ese itinerario y venir
tambaleando con una taza de café con leche subiendo las escaleras, tengo alguna
idea de la dignidad, soy un señor mayor, adulto y culto, y hacer esa cosa de fast food
no me va, no me imagino a mí mismo con una bandejita de plástico llena de vasitos
de plástico porque ataca mi dignidad personal y yo soy de familia absolutamente
humilde, pero en la casa de mi abuelo analfabeto los vasos eran de vidrio. Eso para mí
es dignidad, esos pequeños detalles, una vez que renunciaste ahí renunciaste a todo,
después del vasito de plástico viene todo lo demás. Por eso digo que esto es difícil por
que hay que saber lo que es bueno y lo que es malo, el marketing urbano sólo
requiere saber qué es lo práctico, es decir cuatro petardos con una computadora
pueden hacer marketing urbano, garantía de sostenibilidad cultural es un desafío
cultural descomunal y es urgente por que en la medida de que posterguemos esta
labor cada vez estaremos en menos condiciones de asumirla.

Hoy estamos bien pero mañana vamos tener menos recursos; supongo que habrán
leído esta maravilla que se llama la tragedia educativa: hay que leerlo, es como una
película de terror. El proceso está avanzando, no hay que caer en ningún tipo de
fatalismo o terrorismo ideológico, pero sí indicar que hay aquí un proceso de
deculturación muy acelerado que nos está inhabilitando para las acciones de gobierno.
Hay tres poderes que dan las tres patas del buen gobierno: el económico, el político y
el técnico. No olvidar el técnico, porque si tiene dinero tiene poder político -más o
menos-, si tiene poder político puede hacer aparecer el dinero; pero teniendo dinero y
teniendo poder político no necesariamente desarrolla capacidad técnica. La capacidad
técnica es un bien escaso y extinguible, las intervenciones de puesta en valor de las
ciudades fallan en la mayoría de los casos por la incapacidad técnica y cultural de los
interventores, es decir que las intervenciones están mal, la arquitectura es basura pero
claro en la misma manera que nos vayamos olvidando o vayamos perdiendo criterio
seguiremos fabricando basura. Se nos va atrofiando la glándula evaluadora así que
es de una urgencia total la convocatoria de los mejores recursos humanos en lo
cultural y en lo técnico para salvaguardar estas ciudades. El auditorio de Barcelona lo
hizo una persona que obviamente prefiere los discos compactos; claro hay mucha
gente que no se da cuenta, la cantidad de gente que se da cuenta cada vez es menos.
Recordemos Ionesco, el rinoceronte, quedó uno solo que no se transformó; hay una
frase fantástica del rinoceronte que es el proceso de legitimación de la bestialización.
Hay un personaje que dice: -Ese color verdoso qué bonito es-, lo legitima por la
estética; es lo que estamos haciendo, estamos legitimando la monstruosidad por el
diseño. Tengo una definición de diseño -a los que estén más próximos al diseño que
les va a gustar- que dice: El diseño es el perfume que disimula los sudores de la
carrera consumista. Eso es Barcelona.

Qué es lo que hay que saber para esta gestión de imagen: no puedo hacer gestión de
imagen sin estrategia cultural, tengo que saber fijar una estrategia cultural. Hay alguien
en la sala que pueda fijar una estrategia cultural? Hay que saber muchas cosas, por
ejemplo no creer que un disco compacto es mejor que un auditorio en vivo. Hay que
saber cosas, literatura; hay que saber arte, es decir hay que conocer o formular el
perfil socio-cultural e histórico de la ciudad, saber quiénes somos, qué es lo que nos
define y qué es lo que no nos define, cuáles son los atributos y valores que debemos
defender como la bandera, qué somos y qué no somos. Ser es renunciar a otro ser, y
luego ver su modo de manifestación contemporánea más saliente y valiosa. Ese ser
se redefine permanentemente. Rosario: qué queremos que sea? Pero ese qué
queremos que sea no es un capricho (ay! a mí me encantaría…); son emergentes
culturales que hacen falta. Seres en cuyo discurso está hablando la ciudad, próceres…
y eso requiere mucha cultura, y luego técnica. Saber los medios para lograr plasmar
eso; por que desear está bien, pero luego hay que ser consecuente y ponerlo en
escena. Hay un punto en el que hay que tener capacidad técnica, lo que yo llamo
capacidad para el casting. Si necesito un físico nuclear no voy a contratar a Ricky
Martin. El casting es importante; la idea puede ser muy buena pero tengo que tener un
buen casting: en cada puesto el mejor, que es lo que ves en esas películas inglesas
fantásticas donde parece que no son actores, parece que estás en la Edad Media. El
casting, saber elegir para cada papel el mejor requiere de gran idoneidad técnica, no
se hace por la simple voluntad. Yo los quiero acorralar contra el problema de que para
gestionar la imagen de la ciudad se requiere un proceso de acumulación de capacidad
cultural y técnica de alta potencia, si no dejarlo.

Nos invitaron a un proyecto que no cuajó; nos invitaron para asesorar un gran
emprendimiento urbano de impacto económico básicamente circulatorio que era un
centro de comunicaciones en una provincia argentina, un proyecto que creo que aún
no está desestimado, pero un mega proyecto. Nosotros miramos al cliente para ver
cómo respiraba, porque todos los datos que nos dio hacían evidente que era un
emprendimiento de gran potencia para el desarrollo provincial, y una provincia, con
todo respeto, no anodina como la provincia de Buenos Aires por ejemplo, es decir una
provincia de gran patrimonio cultural vernáculo, es decir con identidad nacional.
Hicimos unas idas y vueltas para ver, porque también hay que tener táctica para
hablar con el cliente, porque tú quieres hacer las cosas bien, pero las quieres hacer,
es decir que te contraten. Es muy difícil, dijimos entonces empezar con un tema; el
emprendimiento había salido ya a la prensa y estaba siendo bautizado por los
periodistas y eso había que pararlo en seco con lo cual había que definir el nombre.
Entonces dijimos: - Hay que hacerlo urgente, porque no es una cosa de un día. Hay
que hacer algún tipo de estudio, nosotros recomendamos que rápidamente nos
conecten, ustedes que son de allí, con gente, tecnógrafos, folkloristas, es decir
nosotros tenemos que entrar en el idioma de ese lugar, evidentemente este lugar no
va a tener un nombre en inglés ni siquiera en castellano: ya casi les estoy diciendo la
provincia… Lo maravilloso fue que el cliente dijo que sí, y tuvimos una serie de
entrevistas con gente realmente representativa de la cultura local y que nos pasó toda
la información lingüística para poder encontrar un nombre. A esto me estoy refiriendo
yo, como ejemplo: tomar una decisión cultural, requiere acceder a los recursos
humanos adecuados; hay que buscar el mejor en ese caso, el número uno, al
folklorista que lo sabe todo, después haremos los testeos, pero hay que ir a lo mejor, a
la pepita de oro si quieres construir ciudad.

Entonces un advenedizo no, un arquitecto no garantiza nada, tiene que haber gente
representativa de la cultura para definir una identidad, pero nadie lo hace. A Barcelona
la hizo una agencia de publicidad; el actor urbano de la identidad de Barcelona es una
agencia de publicidad, Barcelona ya no se llama Barcelona, se llama Barcelona posat
guap, un slogan de marketing urbano que se transformó en organización. Esto es así,
son los hechos concretos, gestionar la imagen de una ciudad requiere el concurso de
las mejores personas, del mejor patrimonio de recursos humanos de esa ciudad.

Hay que planificar y controlar el sistema de actividades fundamentalmente , planificar y
controlar la gestión de infraestructura y planificar y controlar el sistema de
identificación y comunicación... Como se suele decir de la imagen, si incurre en el
lugar común logra exactamente lo opuesto, que es la estandarización, es decir la
repetición de clichés. Fíjense que paradoja: quiero ser yo y veo que alguien logró ser
él, entonces lo imito. El modelo es fantástico: quise ser yo y me convertí en un él de
segunda, como estos farolitos que están puestos allí que dan risa, que son como el
eco tardío de una farola que ya es ridícula en Barcelona: es la compulsión.

Hay una cosa en toda Cataluña, en España: el alcalde de pueblo. Tienen que ir a ver
Uds. lo que son los pueblitos de la Amburga, que es una cosa orgánica como un turrón
de Alicante, y en ese medio, del turrón aparece el siniestro acero inoxidable bruñido y
el cristal templado. Es para matarlos, pero el alcalde dijo: -“Es como Barcelona”
entonces va y copia, Barcelona tiene explícitamente el proyecto de transformarse en
asesora internacional, está escrito; no es que yo sea paranoico. Allá mandan a sus
sátrapas a contar la historia de las tecnologías urbanas y no sé qué otras cosas; hay
un proyecto colonial, eso se llama exportación de modelo. Lo que yo no sé, porque no
sé economía, es cómo se hace el reintegro. Nadie exporta modelo por una voluntad
mesiánica; se supone que cobrará un royalty. El reintegro no sé por dónde se produce,
pero igual se produce, igual es un royalty de política que tampoco es moco de pavo.
Dijo el alcalde Maragall que el sueño de su vida era ser alcalde de Nueva York. He ahí
un provinciano que define el provincianismo: querer parecerse a la metrópoli, casas
más, casas menos… o como dijo el otro, no es que los edificios sean altos, es que las
casas son profundas. Estos son los a priori que yo creo que hay que tener en cuenta:
la compulsión a la modernización, es decir hay que atreverse con los mitos. Creo que
para pensar seriamente la ciudad hay que desprenderse de aquellos tótems, si es
posible todos y si no, los fundamentales. Mi posición es que un tótem que hay que
decapitar ya es el progreso, por que no es que haya muchos progresos, hay uno solo;
el que estamos viendo, el otro es imaginario. El progreso que nos están vendiendo y
nos están facturando es la degradación, lo llaman progreso. Dijo una señora en la
estación de Mont Blanc: -Es que este progreso nos está matando… Quedó así
desconceptualizado, pero lo adopté así como si fuera un slogan. Hay que ver cuántos
mueren en las autopistas cada fin de semana, el progreso nos está matando
físicamente. Hay que tener otra idea: tú dices progreso, pero te entienden ésta, así
que de momento no la uses. Preventivamente llámala felicidad por ejemplo, alegría de
la vida, algo, pero progreso no.

Finalmente, identidad y programa de imagen. Evidentemente abordar un programa de
imagen urbana con las características de recuperación de la identidad de la
comunidad urbana para reconducir su salud social y cultural, el solo emprendimiento
del programa es una acto identificador, es decir una comunidad urbana que asume un
programa de identidad o de imagen urbana con éstas características, ya está salvada.
Es como cuando se dice: ”el primer acto de salud es ir al psicoanalista”. Asumirlo con
ese entusiasmo es ya identificador por que es una sociedad que se amó a sí misma,
hay una cuota alta de auto-afecto, se atreve con la cultura. Estábamos en una reunión
y venía Sara Vaughan a cantar a Barcelona. Un chico joven ex alumno mío dijo: -“Sí,
yo pensaba ir, pero es muy cara la entrada”, y le dijo María, mi amiga: - “Oye, tú la
escuchaste a Sara Vaughan alguna vez?” -“No”,- “Entonces cómo sabes que es muy
caro?” Profundísimo comentario. No hay presupuesto: depende de cómo valores tu el
objetivo. Nunca hay presupuesto para lo social hasta que vienen las inundaciones;
empiezan a aparecer las frazadas por todos lados; pero, no era que no había dinero?
Pues ahora lo hay. Llega un momento en que tú debes desear que empiecen las
inundaciones. No hay para el hospital de niños hasta que mueren tres, entonces
aparecieron los medicamentos. Entonces tengo que decir, vamos a ver: sería bueno
que murieran tres niños. Por lógica hasta que no mueran los tres niños no se salvan
los demás: es un pensamiento eugenésico. Con la cultura, lo mismo: “Lo que tu
planteas es utópico”. Depende, en gran parte, del patrimonio. El pensamiento de estos
rufianes ha sido deteriorado por la idea de reutilización; parece que no hubiera
ninguna ciudad con grandeza suficiente para decir “este edificio que no le
encontramos ningún uso, queda sin uso”, es una pieza de patrimonio que no le
encontré la vuelta, pero no la voy a destruir poniéndole un uso incompatible con sus
características morfológicas. En Barcelona se volvían locos para decidir cómo reciclar
la Plaza de Toros; como los toros están en baja… y lo que inventaban estos
delirantes!... Y los arquitectos, claro, ya veían cúpulas de cristal, unos delirios totales.
Yo decía: - “Y si la dejamos así?” - “Y... pero el valor del m2...” Si tu estructura mental
es la del m2, pégate un tiro: tú no tienes dignidad urbana. Si nuestros abuelos hubieran
pensado en los m2, no tendríamos estas ciudades. Cuentan que la factura de
Dumenec & Montaner del Parador del Museo Catalán nunca la terminaron de cobrar.
Ahí tenemos una maravilla, ésa era una burguesía que al final te empiezan a caer
simpáticos. Quiero mostrar con el ejemplo anterior, la altísima rentabilidad de un
programa de imagen urbana. La comunidad que lo enarbola, lo asume, está
mostrando su dignidad cultural, lo debe comunicar como tal y lo debe asumir. No creo
que necesariamente una acción intencional, voluntaria, planificada deba ser hipócrita.
Es un acto de salud que debe ser comunicado con todas las técnicas de marketing
porque la causa lo justifica. Pero el marketing es un instrumento, no la ideología. Una
vez, me acuerdo hice un acto de nepotismo en mi vida: cuando era jefe de cátedra,
metí a dedo un chico, un ayudante y vino otro a decirme que todo tenía que ser por
asamblea. Yo no quería que entrara ése y busqué uno y lo puse allí. Vino ése con el
dedo para arriba, no digo el grupo político, yo creo que no existen más, y le dije: “
Mira, te voy a decir una cosa: te rechazo por oportunista, pero no porque estás
haciendo un acto de oportunismo, sino porque en tu partido el oportunismo es la
ideología, y esto es lo que quiero mostrar de diferencia”. Si soy político, tengo que
tener conductas oportunistas obviamente, porque es aprovechar la circunstancia para
aprovechar todo aquello que es elemental en la vida, pero tengo que tener un ideal
estratégico basado en una concepción ideológica y un sistema de valores éticos
sociales. Sólo disponiendo de ese sistema yo puedo indicar el significado de una
táctica marketinera. Ahora, si el Marketing es mi ideal, esto es más crudo que el
neoliberalismo, y voy a tratar de vender al público, a la población desarmada y
desinformada que aquel parque temático va a traer la felicidad para todos, o aquella
inversión en el Sheraton te va a traer trabajo para no sé quien, que más, te
psicopatean por ahí. Ausente ese marco, el descontrol no es el primer riesgo, es
objetivamente lo que va a ocurrir. Cuáles serán los parámetros con los que yo les voy
a negar una concesión a ese inversor? En virtud de qué sistema de indicadores yo
voy a rechazar o aceptar la oferta? Es decir, si además de no tener estrategia soy un
nulo técnica y culturalmente, soy prácticamente analfabeto. Lo que va a salir de allí es
una catástrofe y ves lo que ves: ves que los proyectos dirigidos con una falta total de
idoneidad técnica y cultural repiten miméticamente lo que tuvo éxito allá en el
extranjero, si es posible en el hemisferio norte. Entonces hay valores que sí están
fijados, publicitados, difundidos, tienen más fuerza si para defenderlos hay una tarea
real, una tarea política, volver famosos a esos valores, hacerles un buen
posicionamiento.

Yo tuve una experiencia que me emocionó en un pueblo Villafranca del Penedés, es
una ciudad de la cuenca vinícola del Penedés en Catalunya, y nos llamaron del
municipio a la Asociación de Diseñadores Gráficos de Barcelona para pedir un
dictamen. Habían hecho una ordenanza municipal de control de la gráfica urbana y de
la publicidad en la ciudad. Visitamos a esta gente y fue para nosotros una experiencia
fabulosa. Nos contaron todo el programa y que querían tener un dictamen técnico.
Nos zambullimos en el tema, ellos habían hecho la ordenanza como calcada sobre los
distritos, la departamentalización de la ciudad -que como son ciudades de colina son
concéntricas, del casco medieval y esas ondas concéntricas corresponden con los
siglos- . Además hay cierta morfología de origen histórico que se corresponde con
ciertas tipologías urbanas y ellos hicieron coincidir las tipologías de la comunicación
gráfica con las tipologías urbanas. Era una radiografía de la identidad, el núcleo era lo
más preservado y es un núcleo vivo. Querían un aval porque tenían un problema
político; ellos estaban convencidos de ese proyecto, pero por ser un proyecto del
partido gobernante iba a ser cuestionado por la oposición, cualquiera fuese su
contenido. Buscaban una alianza de fuerzas técnicas, les dimos todo un programa
para contrarrestar las posibles resistencias al proyecto, iba acompañado por un
programa de comunicación, de sensibilización y de apoyo, premios a los senderos que
preservaban la farmacia o la tienda, una serie de acciones económicas que iban a
proteger el desarrollo de ese proyecto. Lo importante es no privarse de los recursos
que dan las técnicas actuales de comunicación social, marketing, lo que sea, el
posicionamiento corporativo, imagen institucional, imagen de marca, pero lo que indica
su validez social es al servicio de qué estrategia está dirigida.

Otro paradigma, Universidad Complutense: no sabían qué hacer con el símbolo, con el
escudo histórico. La Universidad Complutense tiene siete siglos. Iban a llamar a
diseñadores. Los diseñadores gráficos -con todo respeto- no saben dónde tienen la
mano izquierda en asuntos culturales. Había 99% de posibilidades de que el
diseñador gráfico estilizara el símbolo histórico. El escudo del municipio es muy
complicado, pero no es moderno; entonces indica mecanicismos de lectura de
Torpem, unidimensional. Como es muy viejo y antiguo se supone que el alcalde es
viejo y antiguo: pero hay otra manera de mostrar la modernidad que cargándose la
historia! Más aún: hoy indicar la modernidad es recuperar la historia. Salvamos el
escudo del Cardenal Cisneros que por pautas de concurso quedaba terminantemente
prohibido tocarlo. En cambio, nos hacía falta una mascota bien “merchandising” que
en el peor de los casos, de peligro, la matábamos y se acabó. Es algo que siempre
digo, la bidimensionalidad: nadar y guardar la ropa. El escudo forma parte de lo que el
rector necesitaba; se llama rector magnífico, me encantó. Inventamos al lenguaje
mágico, que es el que corresponde a la borla, cuando entregan los títulos va el rey de
España. Eso no se puede destruir, es un valor. El rey de España es un patrimonio
simbólico, no es una persona, con todos los respetos; es una cosa, es un valor                     simbólico que a la Universidad Complutense le viene de perilla por que hay una
relación bastante fuerte con la casa real. Es estrategia cultural, pero necesitamos
merchandising: entonces son cinco lenguajes y el último es el de las promociones
comerciales. Yo puedo tener una Barcelona mais que mais y no destruir el escudo de
la ciudad que es lo que hizo el alcalde. Como se pelearon, tenemos ahora los
Barcelonese un escudo que no coincide con ninguno de los escudos históricos de
Barcelona, inventado por un diseñador gráfico. Cómo un diseñador gráfico puede
inventar un escudo de heráldica?: Es como les decía: Ricky Martin para científico, con
todo respeto de Ricky Martin, que es un excelente músico popular.

Pero hay que saber el casting, quien es quien, entonces recordemos la mascota. Yo la
tengo y es una preciosidad, es un cisne, por que en el escudo hay un cisne culto.
Saber desarrollar una estrategia de marketing tiene que tener la tienda de venta de
souvenirs, la camiseta, los bolígrafos, toda la mierda de persuasión a la cultura del
juguete. Vale, así hay que hacerlo, hay que hacer millaje, tener una tienda y vender
todas esas porquerías porque tiene que entrar dinero de cualquier lado; pero esa
tienda con una estrategia de reivindicación for ever de la Complutense. Para los siete
siglos que vienen es diferente, la mascota se transformará en el símbolo de la
Universidad. El casco antiguo de Barcelona está totalmente destruido en su sistema
de actividades; las tienditas están desapareciendo y todo es fast food por lo menos en
las rutas turísticas. Es servicio para el turista, que es el ser más desculturado del
planeta.

Entonces se pone en valor aquella tienda: hay que ver quien es el tendero valiente que
se va a seguir rompiendo los cuernos no vendiéndole a los turistas lo que tiene. En la
Plaza San Jaime hay un fast food, hay tres sucursales -de segunda- de bancos. Si el
alcalde no puede defender la Plaza San Jaime del neo-liberalismo más crudo, que
dimita. La entrada al casco antiguo de Barcelona desde las ramblas está orlada por un
Mc Donald´s y un Kentucky Fried Chicken y no hubo poder político que pudiera
controlar eso. En nombre de la democracia, si eso es democracia, sabes cómo me
cambio de bando ya? Es terrible, pero eso no lo ve nadie por que el operativo es
excepcional.

A los barceloneses le dicen, a tus amigos diseñadores que suponen que son cultos,
pobrecitos: - Oye, ¿tú recuerdas que la calle Fernando inicia su andadura
triunfalmente con la escolta de Kentucky Fried Chicken y Mc Donald? -Ay! No me
había dado cuenta!. La gente no se da cuenta por que no sabe que el rey está
desnudo. - ¿Has visto que en la Plaza San Jaime hay un fast food? - Tienes razón. - Y
que hay tres sucursales de segunda de tres bancos?, cómo no se puede controlar
eso?, Y que las tiendas, que dan toda la escala de los comportamientos urbanos, los
comportamientos, las voces humanas, etc, están llenas de servicios de souvenirs de
segunda para turistas bárbaros? Si no has podido gobernar eso, es que no sabes
gobernar. Ese es el diagnóstico bueno. El diagnóstico malo es que tu intención es
exactamente negativa. Tú eres el ariete de penetración de Kentucky Fried Chicken y
Mc Donald; no hace falta que te pasen la comisión, tú crees en esa cultura, crees en
ese progreso.

Mi reivindicación es esto, esas tres patas son indispensables. El gobierno es un acto
de la política y la política tiene autonomía relativa a la economía, creo eso y creo que
somos muchos los que creemos eso oportunamente, menos de los deseables. El acto
de gobierno es un acto de defensa de los intereses estratégicos de una comunidad por
encima de las coyunturas económicas y los beneficios inmediatos; es mirada larga, y
para tener una mirada larga hay que tener un equipo potente y estar
permanentemente peinando y rastrillando a ver quiénes son los mejores de esa
ciudad, cualquiera sea su apellido; eso en Barcelona no se hizo. Barcelona fue
gobernada por una agencia de publicidad, es casi diría una agencia de publicidad que
contrató un alcalde.

Este es un punto que quería transmitirles. Yo que hace tiempo que vengo a Rosario
veo cosas realmente sorprendentes: hay algunas acciones confusas, pero hay una
especie de recuperación, no de venta al mejor postor. La cantidad de recuperación
social, de espacio social, es importantísimo, pero a la mínima que te distraigas te
cuelan un gol. Para mí es importante concentrar este poder cultural y este poder
técnico para parar la mano. En este momento el capital financiero tiene problemas de
inversión, es decir hay demasiado dinero y no hay donde ponerlo, es una paradoja
desenfrenada; no hay oportunidad chica, a la mínima se hace polvo un pueblo, se
transforma un pueblo en un parque temático por que el dinero lo puso detrás de la no
sé cuanto Corporation que es Entertainment and no sé cuanto. Como nos ha pasado
en Puerta Ventura, chantajeando por la pauperización agrícola de la provincia de
Tarragona, que más maltratada no puede estar, entonces chantajeando han puesto un
basural: un basural cultural, un basural ideológico y un basural estético, son
inversiones de pan para hoy y hambre para mañana.

Les voy a leer rápidamente y con esto termino: es un texto que no es teórico ni para
un seminario; lo he escrito desesperado y urgente por los que queremos salvar al
pueblo que nos están por hacer pedazos. Es donde yo tengo mi casa. ”La fundación
de Pina Fracta que es dueña del nombre original de Prena Feta, data del 59 y sus
ruinas pueden encontrarse en las Sierras de Miramar subiendo hacia la Torre del
Moro; de ellas sólo quedan restos arqueológicos semi enterrados. En el siglo XII se
realiza el traslado de Prena Feta hacia el sitio que actualmente ocupa, por orden del
Sister mediante concesiones de parcelas cultivables que dieron a esta aldea rural el
carácter de caserío disperso. Este carácter lo ostenta hasta el día de hoy y es lo que la
diferencia de todos los demás asentamientos urbanos de la comarca. Segundo que
hoy es Prena Feta , como resultado de su propia historia, Prena Feta es un caserío
rural disperso, tipo frecuente en otras comarcas de Catalunya y otras comunidades
españolas. Prena Feta nunca ha sido, en estricto sentido, un pueblo. Ni lo es hoy,
pues carece de la estructura física de lo urbano, calles, aceras, manzanas, plaza
mayor, ayuntamiento, etc. y carece de actividades que dan carácter urbano a los
pueblos, servicios artesanales, comerciales y políticos administrativos. Estas
características de su construcción y de su actividad son el origen de su encanto y
tranquilidad permanentemente, reconocidos por sus habitantes y visitantes y son estas
características las que permiten una total armonía y convivencia entre sus diferentes
tipos de población que son cinco: los vecinos que viven y trabajan en Prena Feta
permanentemente; los vecinos que viven en MB y vienen diariamente a trabajar sus
tierras; los vecinos que viven en otras ciudades y vienen a descansar en sus casas de
Prena Feta (como yo); los visitantes que vienen fundamentalmente los fines de
semana a disfrutar de una comida y un paseo y las personas que hacen sus
vacaciones en Prena Feta alejadas de las fondas. Qué ha de ser y no ha de ser Prena
Feta: el crecimiento urbano descontrolado ha desvirtuado prácticamente toda la costa
de Catalunya destruyendo puerto, caseríos y macías y sustituyéndolos por un tipo de
urbanismo y un tipo de arquitectura carente de todo interés y valor cultural. Ese tipo de
crecimiento irracional está cuestionado ya en todo el mundo, esto es un poco optimista
y sólo se sigue reproduciendo allí donde los ciudadanos carecen de cultura y amor por
su patrimonio y allí donde la especulación inmobiliaria y política se impuso sobre la
sensatez. Siguiendo la política más avanzada en desarrollo rural, se ha de comprender
que el desarrollo de Prena Feta ha de consistir no en el crecimiento, expansión o
urbanización, aumento de densidad urbana, sino en la puesta en valor, rehabilitación,
desarrollo de infraestructura, saneamiento, protección ambiental. Es decir que no se
ha producido un desarrollo cuantitativo sino cualitativo, mantener las virtudes y corregir
los defectos; no hace falta explicar que si para rentabilizar la tranquilidad de Prena
Feta la urbanizamos aumentando drásticamente su población y convocamos a
decenas de autocares con huéspedes para los hoteles, la transformación se acaba, es
lo que se llama matar la gallina de los huevos de oro. Este carácter de caserío rural
disperso es la identidad urbana de Prena Feta, debe mantenerse si no se quiere
destruir sus valores y atractivos; para ello se deberá proteger el tipo de edificación a construir que respete la tipología básica de casas de payers vinicultor, el tipo de
trazado de las circulaciones, camino de carros adaptado a los relieves del terreno, el
tipo de distancia entre edificios que mantenga aquella dispersión, el tipo de materiales,
técnicas y colores de los edificios acordes a las características del lugar y el tipo de
actividad compatibles con las que ya se cumple”...y así sigo: es una lucha que no da a
basto, es decir estás atajando pelotas permanentemente, pero hay que seguir
haciéndolo. Porque como digo, si a Prena Feta la salvamos para una generación
más, hemos hecho un acto fantástico. La tercera, bueno, ya será problema de la
segunda. Esto creo que hay que hacerlo y se puede hacer con las ciudades. Lo que he
visto en Rosario es que, a diferencia de Buenos Aires, y a pesar de ser una gran
ciudad, Rosario es más gobernable; no sé si esa es la palabra adecuada, es más
posible hacer cosas dignas. Además el zócalo de donde arranca es alucinante; yo
siempre digo: escuchen a los que vienen. Igual Uds. están acostumbrados. Hay cosas
que no pueden olvidar: hay que ponerlas en valor totalmente, hay que luchar contra la
amnesia. No es un río cualquiera, es el Paraná, que es la imagen corporativa de Río
Paraná porque la gente cree que lo importante es el Missisipi; hasta los ríos están
devaluados. Hay que poner en valor todo esto y ahí sí, no hay marketing que alcance,
hay que meter todo el marketing. Pero claro, el objetivo es otro que la especulación
inmobiliaria.

Curso "Ciudad Futura 2"
Municipalidad de Rosario
Mayo, 2.000.

Nota: el presente documento es una desgrabación de la charla realizada por el autor en
oportunidad del Curso Ciudad Futura II

Teorías para la Revolución Urbana (4)

jordi-borja

Jordi Borja: “Siete puntos para el debate ciudadano”

La crisis económico-financiera materializa sus impactos principales en los territorios fuertemente urbanizados, que presencian, con cierta perplejidad y comprensible angustia, el crecimiento acelerado del desempleo, la reducción  de las inversiones privadas y públicas, y la transferencia de fondos públicos al sector financiero sin que se traduzca en créditos. A ello se añade la pérdida, por falta de pago, de las viviendas hipotecadas, la extensión de la pobreza y de la marginalidad, y un creciente sentimiento colectivo de inseguridad e incertidumbre. Además, con la crisis explotan múltiples casos de uso indebido de dinero público, de tramas político-privadas que actúan en la opacidad y en los límites de la legalidad y, a veces,  fuera de ella, es decir: la corrupción. Los gobiernos y los partidos pierden credibilidad, impotentes para atajar los efectos de la crisis y acusados por la opinión pública de aprovechamientos ilícitos de los cargos. Un círculo vicioso frente al que los gobiernos locales están en primera línea, lo cual coincide con la reducción de sus  ingresos, disminuidos, tanto los procedentes del Estado como los impuestos de base territorial, y con la multiplicación de acusaciones políticas, judiciales y mediáticas, no siempre justas, pues suelen apoyarse en hechos, por lo menos, confusos. En consecuencia estos gobiernos no sólo no disponen de ideas y proyectos de recambio, sino que, además, sufren una menor capacidad de actuación y en muchos casos parecen bloqueados. El gobierno de Barcelona, en menor grado que otros quizás, sufre  también este proceso, que, si no se invierte, lleva a la decadencia.

Esta vez no es posible argumentar que los territorios y sus instituciones son inocentes, es decir, los que reciben los impactos de procesos globales ajenos a sus políticas. Maragall, en su época de alcalde, recordaba con frecuencia esta contradicción: “Las ciudades se enfrentan a problemas que no han creado”. Y Jaime Lerner, el  famoso prefecto (alcalde) y arquitecto de Curitiba (Brasil)  declara con frecuencia: “Las ciudades no son el problema: son o deben ser la solución”. Creo que ambos tienen razón. Pero me permito añadir: si las ciudades no son el problema, el proceso de urbanización de las últimas décadas sí que lo es. Las ciudades no sólo reciben los impactos de procesos externos, son también impulsoras de procesos urbanizadores extensivos, segregadores y especulativos, insostenibles ambiental y socialmente y que tienden a la ingobernabilidad del territorio y al despilfarro del capital fijo existente (1).

El proceso urbanizador perverso, que ha prevalecido en las dos últimas décadas  en el mundo más urbanizado y especialmente en España, es una de las caras negras de la globalización capitalista-financiera. En España, en el periodo  que va de finales de los 80 a principios del siglo actual el 50% del suelo urbanizable lo compraron entidades financieras. Éstas, a su vez, se beneficiaron de la política de hipotecas muy bajas para realizar ventas de suelo a precios altamente especulativos y, a la vez, ampliar considerablemente su clientela. El boom inmobiliario fue de tal magnitud que en ese periodo en España se construyeron o se comprometieron más viviendas que en Francia, Reino Unido y Alemania juntos. Las regiones metropolitanas, como Madrid y Barcelona, urbanizaron tanto suelo en los últimos 30 años como en toda su historia anterior. La apropiación privada del suelo y de las plusvalías urbanas que se generaron tuvieron efectos multiplicadores de la urbanización en los años 90, no sólo por la permisividad de las Administraciones locales sino, también, por los nefastos resultados de la aplicación de una ley del gobierno del PP (1998), que declaraba a todo el suelo urbanizable con la única limitación del considerado patrimonio protegido o sometido a una legislación especial (por ejemplo el litoral marítimo). La repercusión del precio del suelo sobre el de la vivienda pasó del 30% al 50% y  la combinación de una demanda de población de ingresos en parte medio-bajos con la posibilidad de disponer de mucho suelo urbanizable ha provocado formas de urbanización extensivas, dispersas y fragmentadas, que multiplican los costes sociales y ambientales. La facilidad de obtener recalificaciones de suelo para aumentar la densidad de la construcción sobre la base de que existía una demanda han provocado un amplio fenómeno de corrupción y la creación de una “burguesía cementeromafiosa”, que han contaminado a los principales partidos, a las instituciones territoriales, a los actores económicos y a todos aquellos que disponían de parcelas o de “contactos” con bancos o con agentes políticos. (2)

El resultado está a la vista. La crisis global se origina en el sistema financiero cuando la sobreoferta de suelo y de vivienda no se puede realizar y cuando una parte de los créditos concedidos a promotores y constructores ,y de las hipotecas a los compradores de ingresos medios o bajos, no se pueden pagar. La burbuja explota, como los juegos de la pirámide se desploma, y las ciudades en sus periferias extensas, fragmentadas y difusas heredan unos entornos de cemento que, más que un desarrollo urbano, ofrecen una imagen entre campo de concentración y cementerio. Pero esta herencia, además, es costosa de mantener, los costes en suelo y redes de urbanización básica, en agua y en energía son enormes. Así como los costes sociales: tiempo de transporte, segregación social, destierro para la población no activa o desocupada, débil integración ciudadana, psicopatologías múltiples (miedos, anomia, individualismo, etc.). La ciudad hereda el resultado de unos procesos de urbanización perversos que, a su vez, tienden a convertirla, incluso en su centralidad compacta, en un conjunto de enclaves, centros de negocios, zonas turísticas, barrios especializados, áreas marginales, etc. Resultado de estos procesos: la ciudad como tal se pierde. Y con ella se disuelve, o por lo menos se debilita,la ciudadanía,  que encuentra en la ciudad densa, compacta, heterogénea, lugar de mezcla e intercambio, espacio público de uso colectivo intenso y diverso, el entorno favorable para su desarrollo y que ahora tiende a desaparecer.

Ante esta situación la reacción fácil e inmediata es “culpabilizar” a los gobiernos locales y lamentarse del crecimiento de las ciudades. Pero si bien la urbanización se expresa en el ámbito local, el marco político y económico que la hace posible es estatal y global. La urbanización no es intrínsicamente perversa, si que lo es la forma que toma cuando la orienta el capitalismo especulativo y depredador, la complicidad política de los gobiernos, la sumisión ciega al todo mercado y la nocividad de la apropiación privada de las plusvalías urbanas. El motor de este proceso ha sido las entidades financieras mediante créditos y hipotecas justificadas por la expectativa de altos beneficios especulativos. Pero han sido los gobiernos, en nuestro caso el español, quien ha proporcionado el marco legal que lo ha hecho posible: hipotecas y créditos fáciles, legislación favorable a la renta urbana privada (tope máximo de recuperación de las plusvalías urbanas del 15%), política de obras públicas valorizadoras de grandes extensiones de suelo urbanizable distantes de la ciudad compacta, débil fiscalidad sobre el suelo expectante, legislación urbanística permisiva que ha facilitado las recalificaciones.

En nombre de la ideología de la “competitividad” y de la concepción de la ciudad como “negocio” se ha considerado un éxito cualquier tipo de inversión y, lo que es peor, el beneficio de los sucesivos propietarios del suelo que se apropian de rentas especulativas en cada transacción. La propiedad privada del suelo urbanizable y urbano se ha “naturalizado” a pesar de no responder a una inversión previa y riesgosa, cuando sería más lógico que no se le atribuyera más valor que el rústico. El ganar fortunas a costa de la disolución de las ciudades ha sido un símbolo de poder y de desarrollo afortunado. La dimisión y la complicidad de los gobiernos con los actores económicos, financieros, propietarios de suelo y promotores y constructores sólo se explica por la colusión de intereses entre ambos. Los unos satisfacen sus ansias de generar obras ostentosas y sus necesidades de financiar a sus aparatos políticos, que les permiten alcanzar posiciones de poder y, los otros, obtienen beneficios a la vez seguros y muy superiores al beneficio medio en otros sectores productivos y de servicios.

No pretendemos exculpar a los gobiernos locales puesto que en ellos se concreta una parte importante de la corrupción, aunque ésta no sea ni general ni la más importante de la que se da en nuestro país, pero si la más visible y desparramada, lo cual tiene efectos políticos y culturales que instalan el cinismo generalizado, el cambalache o el todo vale y la desmoralización ciudadana. Pero, además, las políticas urbanas “hipercompetitivas” y las formas de gestión local destinadas a obtener recursos han abierto brechas por las cuales se ha desarrollado la corrupción y la urbanización insostenible y desintegradora. Tres aspectos muy presentes en la vida local catalana y española facilitan este tipo de urbanización: Uno, el afán de realizar grandes proyectos, que proporcionen visibilidad a la ciudad o región, que generen atractividad, que la urbe aparezca como sede de actividades supuestamente “competitivas”, “globalizadas, dotarlas del “label” que proporcionan arquitectos estrellas, marcar el territorio de forma ostentosa, hacer una demostración de poder. Este tipo de proyectos facilitan recalificaciones, créditos, gestión a partir de organismos autónomos, “justifican” comisiones, a veces bastante superiores al famoso 3%, tan presente en la obra pública catalana. En segundo lugar, la recalificación del suelo es una  forma no sólo de  atraer inversiones de fuera, también sirve para dar respuestas positivas a demandas locales de algunos sectores, como propietarios de suelo o promotores y constructores de la zona, y permite, a los ayuntamientos estructuralmente deficitarios obtener ingresos que pueden destinarse a inversiones lícitas, a gasto corriente (lo cual puede ser de dudosa legalidad) o perderse en parte por el camino. Por último, estos procesos, que significan flujos monetarios importantes y ponen en marcha procesos que procuran beneficios importantes, y en parte especulativos, a los diversos actores que intervienen los cuales favorecen la corrupción.

¿Estas reflexiones generales son aplicables a Barcelona?

En parte, probablemente no, puesto que si hubiera habido a lo largo de 30 años de gobierno democrático -casi siempre en el ojo del huracán- recalificaciones escandalosas, pagos de comisiones ilícitos o excepciones a las normas poco justificadas, se sabría. Ha habido ciertamente casos desafortunados o confusos. Algunos fueron debidos a la  presión de grupos privados poderosos (recalificación del antiguo campo del Espanyol; proyecto inicial, luego revisado, de “Barça 2000”) sin indicios evidentes de corrupción pública. En otros casos la Administración pública principal no era el Ayuntamiento (túnel del Carmelo). Y, en otros, se trataba de decisiones políticas de carácter general (plan de hoteles). La operación Fòrum fue desafortunada en su concepción y ha facilitado algunos desarrollos especulativos, como ocurre también con 22@. Pero, en este caso, la concepción ha sido más ciudadana y no ha despertado las mismas sospechas que el  Fòrum. Se pueden discutir estas decisiones, pero nadie ha considerado que el gobierno local hubiera vulnerado la legalidad.

Sin embargo otras formas de gestión, indirecta, casi siempre pueden resultar más dudosas por su relativa opacidad. Los proyectos complejos y que suponen fuertes inversiones públicas y privadas, que recalifican suelos revalorizados y que se gestionan por medio de diversas Administraciones y organismos autónomos, tienen un importante grado de opacidad y dan lugar a múltiples transacciones, modificaciones y actuaciones, que benefician a particulares y que generan oportunidades de obtención de importantes beneficios especulativos, ocurrió en la operación  Fòrum, ocurre en el desarrollo del 22@ y ahora, probablemente, ocurrirá en  la gran operación de Sant Andreu-Sagrera. Es urgente proporcionar transparencia a los grandes proyectos urbanos. La ciudad, sin embargo,  tiene desafíos mucho más complicados, sin desmerecer la gran importancia que tiene reconquistar credibilidad, puesta en cuestión por los recientes casos que han emergido en la periferia.

La cuestión importante es: ¿Qué puede aportar Barcelona, de positivo o negativo, al  urbanismo del siglo XXI?. O: si no va a aportar nada, lo cual no nos parece imposible. Barcelona ha sido una ciudad referente del urbanismo en el siglo XIX: Pla Cerdá. En el XX, la transformación de la ciudad en el último cuarto de siglo a partir, especialmente, de una exitosa política de espacio público, ha sido tomada, seguramente con exceso, como “modelo”. Por ahora no se puede decir que hayamos empezado el nuevo siglo de la mejor manera posible. Inexistencia de un proyecto efectivo de ciudad metropolitana, a pesar de la retórica que se nos inflige en los discursos políticos (3). Proliferación provinciana de una arquitectura ostentosa y a veces gratuita (Parque Central de Poble Nou, Ciudad Judicial), que poco tiene que ver con los proyectos vinculados a una estrategia ciudadana de un pasado reciente. Tendencia a contentar las actitudes más reaccionarias de sectores de la población en relación a los usos del espacio público: normas de “civismo” que criminalizan a los colectivos sociales más vulnerables. Debilidad de las políticas de vivienda hasta una época muy reciente (en estos momentos existe un Plan de vivienda que, por lo menos, expresa una toma de conciencia de este incomprensible déficit). Dificultad al liderar proyectos logísticos propios de la ciudad del siglo XXI y que no dependen exclusivamente del gobierno local (transporte público urbano, red de ferrocarriles de cercanías, gestión del aeropuerto, conexión ferroviaria del puerto con Francia y Valencia). Y, en general, una preocupante crisis de ideas en las cúpulas políticas y en la “intelectualidad orgánica” (institucional) agravada por el rechazo a la crítica, el miedo al debate y la incapacidad para distinguir lo bueno de lo que se ha hecho de los errores y omisiones, en muchos casos evidentes para la ciudadanía. Todo ello lo han substituido por el discurso autosatisfecho.

La actual crisis económico-financiera global crea una oportunidad a nivel local, precisamente por lo dicho al inicio de este artículo: el modelo de urbanización predominante es, a la vez, causa y efecto de esta crisis; la ciudad es, a la vez, problema y solución. Barcelona, por su cultura urbanística acumulada, por la influencia que siempre han tenido los movimientos intelectuales y sociales en su relación con la ciudad, y por el prestigio que ha  conseguido en las últimas décadas, puede ser un referente para el urbanismo del siglo XXI.

Siete propuestas generales para la acción y la reflexión

Para terminar, me permito apuntar siete líneas de reflexión y actuación destinadas a  desarrollar estrategias urbanas para la ciudad del siglo XXI, que sirvan a Barcelona y puedan también ser tenidas en cuenta en las políticas de otras ciudades. Una propuesta que se dirige no únicamente ni principalmente a los gobiernos responsables de los territorios metropolitanos, sino, sobre todo, a los sectores intelectuales y sociales citados, que inciden en la construcción de hegemonías culturales o de ideas.

1.
Radicalizar la crítica a las realidades urbanas más visibles y que representan la anticiudad democrática: los muros físicos y simbólicos; las arquitecturas objeto ostentosas e indiferentes al entorno; los espacios públicos privatizados o excluyentes; las operaciones urbanas costosas, que constituyen enclaves; los desarrollos desconectados de la ciudad compacta; las vías que fragmentan los tejidos urbanos. En estos casos y otros similares, la crítica-denuncia y la desobediencia civil están más que justificadas. Un gobierno democrático de la ciudad debería deshacer, por ejemplo, el Parque Central del Poble Nou.

2.
Denunciar las ideologías, que son el discurso que acompaña estas actuaciones: el miedo a los otros; la exaltación de la distinción elitista; la legitimación por la regla del todo mercado y del negocio urbano,;la coartada de la “competitividad” en un mundo global para  justificar las operaciones costosas, que crean objetos o enclaves, considerar inevitable la corrupción como mal menor y la especulación como natural en la vida económica. Un gobierno democrático de la ciudad debería declarar nula la siniestra Ordenanza del civismo.

3.
Valorizar, defender y exigir el espacio público como la dimensión esencial de la ciudad: impedir que se especialice, sea excluyente o separador; reivindicar su calidad formal y material; promover la publificación y la polivalencia de espacios abiertos o cerrados susceptibles de usos colectivos diversos (equipamientos públicos y privados, campus o parques adscritos a usos específicos); conquistar espacios vacantes para usos efímeros o como espacios de transición entre lo público y lo privado. Un gobierno democrático de la ciudad, en el marco del Año Cerdá, debería proclamar la prioridad de la calle como espacio público y aplicar una norma que estableciera que la superficie de las aceras debe ser siempre superior a la de la de la destinada a la circulación rodada. En el caso de las vías “semirrápidas” (segregadas) el 50% de la superficie debería destinarse al transporte público.

4.
Poner en cuestión la concepción totalitaria de la propiedad privada del suelo y de otros bienes básicos (agua, energía). El valor del suelo rústico cuando adquiere cualidad de urbanizable no puede generar un beneficio al propietario expectante. El planeamiento (fijando usos e intensidades) y la fiscalidad (aplicada a suelo expectante, que presione a la propiedad a ofrecerlo al sector público a precio de rústico, como instrumento para recuperar las plusvalías urbanas, o gravando fuertemente las operaciones desvinculadas del tejido urbano) pueden conseguir resultados próximos a la socialización del suelo. En los casos de Barcelona y de Catalunya, podemos recordar positivamente los decretos de 1937 de municipalización del suelo urbano y de colectivización de las empresas de la construcción. Pero planes y proyectos deben hoy dar una respuesta innovadora a los nuevos desafíos sociales y ambientales, el “desarrollismo” crecimentista hoy no es ni viable materialmente ni aceptable moralmente. La austeridad y la recuperación de los recursos básicos contra el despilfarro, las energías blandas para sustituir las que están en vías de agotamiento, y la apuesta por la calidad de vida de todos y la reducción de las desigualdades sociales, son hoy imperativos urbanos. Un gobierno democrático de la ciudad debería utilizar las posibilidades de la fiscalidad y del planeamiento para recuperar las plusvalías urbanas en un 90%. Y generalizar las experiencias de “renovación urbana” concertada con la ciudadanía, como la que se ha dado en Trinitat Nova.

5.
Recuperar y desarrollar la memoria del planeamiento de la Barcelona preolímpica. Partir de legislaciones claras, que ofrezcan una panoplia de instrumentos legales. Vincular planes y proyectos en un sólo concepto-acción, a partir de un programa político que permita desarrollos integrales localizados. Hacer de la política de vivienda, en la línea pretendida por la “ley del derecho a la vivienda” (especialmente en su versión inicial), un elemento fundamental de planes y proyectos, que garanticen una oferta de vivienda asequible a todos los niveles de ingresos y en todas las zonas de la ciudad. El derecho de la vivienda requiere otros derechos complementarios como la movilidad universal, la centralidad próxima y la calidad del espacio público. Un gobierno democrático de la ciudad debe utilizar las posibilidades (incomprensiblemente mermadas respecto al proyecto inicial) de la ley del “derecho a la ciudad” para imponer gradualmente que en todas las área de la ciudad haya más del 50% de vivienda protegida y social y que todos los ciudadanos tengan, a menos de 300 metros, acceso al transporte público.

6.
Promover un movimiento de reforma institucional, que reorganice las administraciones territoriales por áreas y programas integrales, rompiendo la compartimentación actual por sectores especializados vinculados a corporaciones profesionales burocratizadas. Sobre esta base, puede desarrollarse una relación con la ciudadanía más participativa, en la línea de la democracia deliberativa.  Las ciudades compactas plurimunicipales, como la aglomeración barcelonesa mal llamada “área metropolitana”, requieren un gobierno representativo sin perjuicio de la descentralización por distritos y/o municipios. La región metropolitana, en cambio, debe “inventar” una gobernabilidad interinstitucional entre Generalitat y gobiernos locales basada en el planeamiento estratégico, los programas concertados, los servicios compartidos y las relaciones contractuales. El gobierno democrático de la ciudad debiera  promover un proyecto de gobierno metropolitano de aglomeración basado en la proporcionalidad respecto a la población, lo cual garantizaría que la corona periférica  tuviera una cuota  de poder igual o superior a la ciudad central.

7.
El derecho a la ciudad es hoy el concepto integrador de los derechos ciudadanos renovados y la base de exigencia en un marco democrático. Las instituciones solamente recibirán el título y el respeto que se les debe en democracia si, además de proceder de elecciones libres, su dimensión formal, actúan mediante políticas que desarrollen y hagan posible los derechos de los ciudadanos. Esta dimensión material de la democracia es, por lo menos, tan importante como la formal. Hoy, los derechos ciudadanos, que corresponden a nuestro momento histórico, van mucho más allá, en concreción y extensión, de los que se incluyen en el marco político-jurídico  aunque puede considerarse que se derivan de los derechos más abstractos de la Constitución y el Estatut: derecho a la movilidad, al lugar, al espacio público, a la centralidad, a la igualdad de derechos de todos los habitantes, a la formación continuada, al salario ciudadano, etc. Las políticas públicas solo son legítimas si hacen efectivos estos derechos o progresan en esta dirección: por ejemplo, si reducen la desigualdad social. Cuando no es así, en democracia los gobiernos dejan de ser legítimos.  El gobierno democrático de la ciudad debiera estimular el desarrollo político del concepto de derecho de la ciudad y hacer de él su principio fundamental (4).

Barcelona, que fue una ciudad famosa desde el siglo XIX por sus luchas sociales, su vanguardismo cultural, su capacidad de innovación política y sus contribuciones teóricas y prácticas al progreso del urbanismo democrático, está en condiciones de volver a ser un referente. Pero no lo será si pretende, únicamente, reproducir y ampliar lo que hizo en el pasado reciente y tampoco si se encierra en sí misma con la vana ilusión de “globalizarse” desde su pequeño lugar en el mundo.

Proponemos estos  siete puntos para el debate ciudadano.

Jordi Borja.
Urbanista.

Epílogo al libro “Luces y sombras del urbanismo de Barcelona” (Edicions 62 en catalán y Edicions UOC en castellano).

(1) “Después del neoliberalismo: ciudades y caos sistémico”. CCCB, 2009. Ver especialmente el estudio introductorio de Neil Smith “¿Ciudades después del neoliberalismo?” y la síntesis del extenso estudio del Observatorio Metropolitano sobre “Madrid. Explosión y crisis del modelo urbano”. El carácter radical de estos textos y la presentación de procesos más extremosos que el de Barcelona, pero de naturaleza similar, significan una advertencia para la capital catalana.

(2) El caso Pretoria, en actual investigación, y que afecta directamente a algunos municipios del entorno metropolitano de Barcelona (Santa Coloma, operación “Cúbics”) es solo una de las puntas del iceberg y probablemente no de las más importantes. Otro caso lamentable, bastante más en su impacto urbanístico aunque por ahora no han emergido indicios de ilegalidad, es el de la operación de la Plaza de Europa en l’Hospitalet. Aunque estos asuntos comparados con los que se han producido en la costa mediterránea levantina y andaluza o en las Islas Baleares parece casi pecata minuta.

(3) El Plan Estratégico Metropolitano es un ámbito intelectual excelente pero con un respaldo político ficticio. Elabora estrategias, propone objetivos y incluso concreta posibles proyectos para un gobierno metropolitano que no existe. La anunciada ley metropolitana, por su ámbito territorial limitado, su organización política intermunicipal y sus competencias modestas no aportará ningún cambio fundamental excepto, quizás, que puede facilitar la inclusión del tema en la agenda política.

(4) El autor desarrolla esta temática en un libro que se publicará a finales del año 2010 con el título “Revolución Urbana y derechos ciudadanos” (Alianza Editorial).

 

Jordi Borja Sebastiá es Co-director del Programa de Postgrado "Gestión de la ciudad" en la UOC y ha sido profesor en la Universidad de Barcelona y en el Instituto Francés de Urbanismo en París. Entre los diversos cargos políticos que ha desempeñado destacan el de teniente de alcalde de Descentralización y Participación (1983-87), vicepresidente ejecutivo del Área Metropolitana (1987-1991) y delegado de Relaciones Internacionales y de Cooperación (1991-1995). Entre sus publicaciones cabe citar Cities: New Roles and Forms of Governing (1996), Barcelona: Un modelo de transformación urbana, 1980-1995 (1996), Local y Global (1997), Gestión y control de la urbanización (2000, encuesta para la Comisión Europea), y La ciudad conquistada (2003).

Ha trabajado de forma constante con Manuel Castells, con quien ha escrito numerosos libros y escribe de forma asidua en el periódico El País, además de colaborar de forma activa con movimientos sociales y vecinales en la defensa del “derecho a la ciudad” y unas condiciones urbanas que garanticen una vida digna para sus ciudadanos.

En la conferencia analizará de forma crítica los factores que han dado forma a la actual crisis del modelo urbanístico, las diversas propuestas en torno al estímulo económico de las llamadas “ciudades creativas” (entre ellas la candidatura a Capitalidad Cultural para 2016) y finalmente se centrará en las oportunidades que ofrece el actual contexto para un proceso de democratización del espacio urbano.

Teorías para la Revolución Urbana (3)

LOS DESAFÍOS DEL TERRITORIO Y LOS DERECHOS DE LA CIUDADANÍA
LOS DESAFÍOS DEL TERRITORIO Y LOS DERECHOS DE LA CIUDADANÍA por JORDI BORJA

La ciudad es el producto cultural, o mejor la realización humana “tout court” más compleja y significante que hemos recibido de la historia. Y que construimos, y destruimos cada día. Entre todos. Y lo es porque es la maximización de las posibilidades de intercambio. “Nada hay más importante, económicamente en una ciudad, que los cafés, los bares, los restaurantes” decía más o menos el director de planeamiento de la City de Londres, para justificar por que a pesar del neoliberalismo aun imperante, imponían a los edificios de oficinas que las plantas bajas ofrecieran este tipo de equipamiento considerado decisivo para la productividad urbana. Ciudad, cultura, comercio, son términos etimológica e históricamente unidos. Como ciudad y ciudadanía (personas con derechos y responsabilidades, libres e iguales). Y ciudad (polis, lugar de la ciudadanía) y política (como participación en los asuntos de interés general). No está de más recordar algunos conceptos que expresan unos valores fuertes que no parece que merezcan ser suplantados por otros más débiles o menos solidarios.

La complejidad y la carga de sentido que se vinculan a la ciudad no resultan automáticamente de la concentración de población ni de la talla de su actividad económica, ni ser sede de poderes políticos o administrativos. Si el intercambio es una dimensión fundamental, la “ciudad – ciudad” es aquella que optimiza las oportunidades de contacto, la que apuesta por la diversidad y la mixtura funcionales y sociales, la que multiplica los espacios de encuentro. El urbanismo no puede pretender resolver todos los problemas de la ciudad. Roland Castro, por una vez modesto en sus afirmaciones, dice que por lo menos no debería agravarlos (l´urbanisme ne devrait pas ajouter au malheur des hommes). No es una frase vacía. En muchos momentos históricos, incluido el actual, parece empeñado en hacerlo. La literatura al respecto es abundante y este autor también ha contribuido a la crítica de un urbanismo menospreciativo del espacio público (1). Porque aquí está una dimensión decisiva de la ciudad: la calidad de su espacio público. El lugar de intercambio por excelencia. Y también donde es más manifiesta la crisis de la ciudad.


INDICE
INTRODUCCIÓN
1. El desafío urbano de la globalización: construir el territorio
2. El desafío urbano: hacer ciudad sobre la ciudad
3. El desafío del espacio público: la prueba del urbanismo
4. El desafío de la integración y la demanda de identidad
5. El desafío de la incomunicación y el derecho a la relación social
6. El desafío de la democracia y de la ciudadanía en el territorio: el derecho a la innovación político y a la ilegalidad
7. El desafío político de la globalización para ciudades y ciudadanos
CONCLUSIONES
NOTAS


Las dialécticas de la ciudad actual

La ciudad actual sufre un triple proceso negativo: disolución, fragmentación y privatización. Disolución por difusión de la urbanización desigual y debilitamiento o especialización de los centros. Fragmentación por la exasperación de algunos supuestos funcionalistas, caricaturas del movimiento moderno: la combinación de un capitalismo desregulado con la lógica sectorializada de las Administraciones públicas, produce la multiplicación de elementos dispersos y monovalentes en un territorio recortado por vías de comunicación. Y privatización por la generalización de ghetos por clase social (desde los condominios de lujo a las favelas o similares) y la sustitución de las calles, plazas y mercados por centros comerciales. Los tres procesos se refuerzan mutuamente para contribuir a la cuasi desaparición del espacio público como espacio de ciudadanía. ¿Estamos ante la muerte de la ciudad como se proclama tan frecuentemente? (2) Parece obvio que las tendencias citadas contrarían el complejo “producto ciudad” caracterizado por la densidad de relaciones sociales y por la mezcla de poblaciones y de actividades. Y más aun, acentúan las desigualdades y las marginaciones, reducen la capacidad de integración cultural y la gobernabilidad del territorio y, finalmente niegan los valores universalistas que se vinculan a la entidad “ciudad”..

Sin embargo, frente a estas dinámicas desestructradoras de la ciudad actúan otras dinámicas de sentido contrario. En todos los momentos históricos de cambio se ha anunciado la muerte de la ciudad. Y, a la larga, han prevalecido en muchos casos, no siempre y con altos costes sociales en todos los casos, las dinámicas de revalorización de la ciudad. ¿De donde proceden las tendencias y las fuerzas constructoras (re) de ciudad? Hay factores económicos y técnicos (en especial los progresos de los transportes y de las comunicaciones) que favorecen la dispersión. Pero hay otros de signo contrario: el capital fijo polivalente, el tejido de pymes y de empresas de servicios a las empresas, los recursos humanos cualificados, la imagen de la ciudad, la oferta cultural y lúdica que atrae cada vez más a los agentes económicos y a los profesionales, las múltiples oportunidades (teóricas) de trabajo, la diversidad de equipamientos y servicios y el ambiente urbano que demandan amplios sectores medios...

El hecho es que una parte importante de los colectivos sociales que parecían irreversiblemente instalados en la suburbanización revalorizan la ciudad tanto a la hora de decidir su inversión o su trabajo como su residencia. Pero además de estos factores económicos y sociales hay factores culturales y políticos que explican la revalorización de la ciudad. Mito o realidad la ciudad aparece como el lugar de las oportunidades, de las iniciativas y de las libertades individuales y colectivas. El de la privacidad pero también el de la participación política. “Ayer, en la manifestación de parados, me sentí por primera vez en muchos años, un ciudadano.” (declaraciones de un manifestante, Paris, mayo 1997). La ciudad es además, quizás lo más importante, el continente de la historia, el tiempo aprisionado en el espacio, la incitación del pasado y la memoria del porvenir, es decir el lugar desde donde se producen los proyectos de futuro que dan sentido al presente. La ciudad es un patrimonio colectivo en el que tramas, edificios y monumentos se combinan con recuerdos, sentimientos y momentos comunitarios. No parece que la gente, mucha gente, vaya a renunciar fácilmente a todo esto.

Finalmente si concluimos que en la ciudad, o más exactamente en las regiones urbanas se confrontan dinámicas contradictorias y que las políticas urbanas, que implican a responsables políticos, a profesionales y a los agentes económicos y sociales, pueden impulsar unas dinámicas y reducir otras, entonces la cuestión de los valores culturales y de los objetivos políticos se convierten en la cuestión decisiva de nuestro presente y de nuestro futuro urbanos. Como recordaba recientemente Michael Cohen, dirigiéndose a los responsables de la política urbana de Buenos Aires, lo que deben plantearse ante todo es cuales son los valores que orientan su acción, a dónde queremos ir, qué modelos de vida urbana proponen a la ciudadanía (3). Si como se ha dicho tantas veces la política es pedagogía y la ciudad es política parece lógico plantearse la dimensión pedagógica del urbanismo, es decir la estrategia urbana como gran proyecto educativo. Para lo cual vamos a sintetizar, aunque sea esquemáticamente, los retos que desafían hoy a las políticas urbanas para concluir con los derechos y responsabilidades de los ciudadanos que se deducen de las respuestas que se proponen. Pero, antes veamos rápidamente hasta qué punto y para quien la ciudad es hoy una iniciación a la vida.

La ciudad como aventura iniciática

La ciudad conquista si es conquistada. Y por lo tanto debe ofrecer los medios indispensables a sus ciudadanos – conquistadores. Es decir, la ciudad es la aventura iniciática a la que todos tenemos derecho. Las libertades urbanas son, sin embargo, más teóricas que reales. Una primera aproximación a la ciudad es analizar su oferta compleja en términos de inclusión – exclusión. ¿A quién incluye ? ¿A quién excluye ? ¿Quienes pueden utilizar sus oportunidades de formación y de información, de trabajo y de cultura ? ¿Cómo se accede a una vivienda ? Vivir en un barrio u otro ofrece posibilidades similares ? ¿Las centralidades son accesibles por igual ? ¿Las nuevas tecnologías de comunicación (NTC) acaso no integran (globalizan) a unos, pero excluyen (marginalizan) a otros ? ¿Es posible la democratización de las NTC ? ¿El ámbito urbano no ofrece posibilidades múltiples de intercomunicación democrática ? Por ejemplo, en las relaciones Administración-ciudadanos. Por cierto, mejor hablar de TIC (Tecnologías de información y comunicación), que de NTC, pues ya no son tan nuevas.

Las preguntas son casi infinitas. La cuestión interesante es ver los procesos urbanos (políticas incluidas) desde un punto de vista que tenga en cuenta la dialéctica inclusión-exclusión, así como se tienen en cuenta otras (crecimiento económico – sostenibilidad, gobernabilidad – movilización social, universalismo – localismo, etc.). La ciudad como aventura iniciática es una manera, no la única, por cierto, de aprehender el ámbito urbano y sus dinámicas físicas, económicas y culturales desde estos puntos de vista. La ciudad como oportunidad iniciática sufre hoy una crisis que se expresa mediante una paradoja, o quizás dos contradicciones. Una . Nunca probablemente en la historia las « libertades urbanas » habían sido teóricamente tan diversas y tan extensas como ahora : heterogeneidad del mercado de trabajo, movilidad en un espacio regional metropolitano, ofertas múltiples de formación, cultura y esparcimiento, mayores posibilidades de elegir las áreas y el tipo de residencia, etc. Y sin embargo la realidad cotidiana de la vida urbana niega a muchos, y a veces a todos, estas libertades : segmentación del mercado de trabajo y desocupación estructural para ciertos grupos de edad (p.ej. jovenes poco « cualificados » ), congestión viaria y insuficiencia o mala calidad del transporte público, no acceso práctico a las ofertas culturales y lúdicas por falta de información, de medios de transporte o económcos, inadecuación de las ofertas de vivienda a las demandas sociales, pobreza y/o privatización de los espacios públicos, etc. Dos. La ciudad actual ofrece, o así lo parece, un arsenal enorme de sistemas que debieran proporcionar protección y seguridad . Nunca había habido tantos centros asistenciales (sanitarios y sociales) y educativos, tantas policias públicas y privadas, tantas Adminstraciones públicas actuantes en el territorio, tantas organizaciones cívicas, profesionales o sindicales, etc. Y sin embargo, la inseguridad, la incertidumbre, el miedo incluso, caracterizan la cotidianidad urbana. No se sabe ya que es ciudad o no (la ciudad difusa), la jungla administrativa es incomprensible o inaccesible para muchos ciudadanos (véase p.ej. la justicia), la educación no conduce al trabajo remunerado, los sistemas de protección social cuando no se reducen se anuncia su quiebra para futuros próximos, la inseguridad urbana subjetiva conduce a la agorafobia, la mayoría de los jóvenes no parece sentirse interesados o representados por partidos y asociaciones, etc.

Vivir la ciudad como aventura iniciática supone asumir el riesgo de su descubrimiento y de su conquista (4). Descubrir el territorio y a la diversidad de sus gentes, conquistar las posibilidades que ofrece la ciudad, construirse como ciudadano, he aquí el desafío urbano para chicos y jóvenes. La aventura iniciática es un desafío. Pero, la respuesta requiere tener los medios para juntar el coraje de la conquista. Nos parece que una buena pregunta a hacerse hoy es la siguiente : ¿la ciudad ofrece los medios a los que deberían vivirla como una aventura iniciática ? En las páginas siguientes intentaremos aportar dos tipos de respuestas. Los desafíos del territorio y las alternativas de políticas urbanas. Y en segundo lugar , la relación entre estas políticas y la adquisición de la ciudadanía.

LOS DESAFÍOS DEL TERRITORIO Y LOS DERECHOS DE LA CIUDADANÍA

El desafío urbano de la globalización : construir el territorio

La mundialización de la economía – que junto con la revolución informacional y la desaparición de los bloques configuran la famosa o banal globalización – ha provocado una redistribución de cartas entre los territorios. Las ciudades y las regiones tienen una nueva oportunidad para una inserción competitiva o para quedarse en una más o menos relativa marginación. Y también al interior de cada región o ciudad puede darse la misma situación : que predomine una dinámica integradora o fragmentadora, que crezca la cohesión o la exclusión. ¿Cuál es hoy el espacio económico más significativo ? Ya no es el del Estado-nación, cuyos márgenes para hacer políticas autónomas que marquen la especificidad del « territorio nacional » son cada dia más reducidos. Tampoco la empresa puede determinar su competividad sin un entorno favorable : infraestructuras y servicios básicos, inserción en sistemas de comunicaciones globales, tejido económico de pequeñas y medianas empresas con flexibilidad de adaptación, recursos humanos cualificados, centros de formación e investigación a todos los niveles, terciario de excelencia que incluye todo tipo de empresas y profesionales de servicios a las empresas... y todos estos elementos estrechamente articulados, puesto que se necesitan mutuamente. Las sinergias determinan hoy la productividad y la capacidad de innovación y se producen en la ciudad, o mejor dicho en el sistema urbano-regional, más menos polarizado por una gran ciudad (aunque no siempre) que a su vez forma parte de un sistema de ciudades que pueden constituir un eje o una macroregión.

Hoy se revaloriza la ciudad-región como espacio económico mas significativo. Pero, es un espacio de geometría variable, de límites difusos y sometido a fuertes tensiones por los desequilibrios territoriales y sociales que en él se producen. Es un espacio, no un territorio lo cual plantea problemas de cohesión social, identidad cultural y gobernabilidad. Un desafío de la globalización es que hace necesario desarrollar estrategias que configuren un territorio. Es decir, la delimitación de un espacio para convertirlo en territorio, el de la ciudad-región. La política urbana hoy no hereda un territorio. Lo construye. O lo desestructura, si se deja llevar por dinámicas dispersas. Ciudades y regiones, sus administraciones públicas y sus agentes económicos y sociales son conscientes de que tienen que jugar sus cartas y cazar sus oportunidades. De la política económica local y regional de la oportunidad, se pasa fácilmente al urbanismo de las oportunidades. La política urbana no puede apoyarse únicamente en las formulas normativas del planeamiento tradicional que no facilitan muchas veces ni las actuaciones que exigen iniciativas rápidas y flexibles, ni la concertación de actores.

En consecuencia se ha entrado en la vía fácil de la desregulación y de la sumisión a la dinámica del mercado. Pero, la desregulación de los usos del territorio (como p. ej. Las peregrinas ideas de declarar cualquier suelo urbanizable), la privatización incondicional de los servicios públicos (otra cosa es la gestión empresarial de algunos de ellos) y la dimisión total ante el mercado para responder a demandas sociales básicas (como la vivienda) produce innumerables efectos perversos : fragmentación y ghetización de los tejidos urbanos ; congestión de unas zonas y marginación de otras ; empobrecimiento de las ofertas urbanas accesibles ; miseria cuando no casi desaparición de los espacios públicos ; inseguridad urbana que expresa la reacción en muchos casos de grupos sociales que se sienten a la vez excluidos, no reconocidos o rechazados ; aumento de las incertidumbres y de los miedos por la dificultad de conocer y de utilizar el nuevo sistema urbano, etc. Estos efectos perversos provocan o deberían provocar una reacción moral, puesto que atacan directamente las valores democráticos que ha forjado nuestra historia urbana. Pero, además cuestionan la eficacia económica de nuestras ciudades (5).

Si resumimos los requisitos que los principales autores consideran necesarios para la productividad y competividad de las áreas urbanas, nos encontramos con :

a) Articulación del territorio urbano-regional mediante un buen sistema de infraestructuras de transportes y comunicaciones y de servicios básicos (agua, energía, saneamiento, etc.) Accesibilidad externa e inserción en sistemas globales de comunicación. Diversidad de centralidades.

b) Infraestructura en « capital fijo» que dé sustento a un tejido económico regional de pequeñas y medianas empresas, sobre todo, pues solo una fracción de la actividad económica está globalizada, pero requiere en cambio de esta infraestrcutura que sólo puede ser rentable si sirve además a la economia local o regional, a su vez generadora de empleo (6).

c) Recursos humanos cualificados en una gran diversidad de sectores y niveles. Formación continuada, articulación universidades-empresas, inversión flexible y mixta en I+D, etc. Espíritu empresarial y capacidad de adaptación a los cambios de los entornos.

d) Imagen positiva de la ciudad. Atractividad de sus centralidades. Oferta cultural y lúdica. Seguridad urbana. Calidad ambiental.

e) Instituciones políticas representativas de proximidad (subsidiaridad). Eficiencia y transparencia de los procedimientos administrativos. Programas públicos confiables que reduzcan los margenes de incertidumbre.

f) Cohesión social. Reducción progresiva de las desigualdades sociales. Reglas tácitas y pautas de comportamiento que garanticen una relativa seguridad en las relaciones económicas y sociales. Civismo.

g) Sostenibilidad del desarrollo que permita hacer previsiones a medio y largo plazo. Estructura física del espacio urbano-regional que reduzca los desequilibrios y los despilfarros y que asegure a la vez capacidad de integración y de evolución (7).

Como se percibe fácilmente, estos requerimientos van más allá de los clásicos de las economías de la aglomeración y de las sinergias (que continúan siendo muy importantes) y son mucho más integrales que los que consideran la inserción en la globalización con un reduccionismo informacional-financiero. Estos requisitos por otra parte exigen una política urbana potente que no se puede basar exclusivamente, como ya se ha dicho, en el planeamiento territorial clásico, pero tampoco en las actuaciones puntuales o los programas sectoriales. Volvamos al urbanismo necesario y posible, hoy. Debe actuar sobre una ciudad difusa, sobre un territorio urbano regional fragmentado, pero no vacío ni mucho menos. Es complicado y costoso. Es preciso tomar decisiones rápidas, actuar eficazmente a corto-medio plazo. Pero, los efectos son duraderos en el largo plazo.

Hay que cazar las oportunidades al vuelo para realizar los « grandes proyectos urbanos » que permiten una adaptación competitiva a las nuevas exigencias de la globalización. Pero se corre el riesgo que estos « GPU » resuelvan un problema pero generen efectos perversos que creen o agraven muchos otros problemas. Por ello, como dice Nuno Portas (8), hay que cruzar siempre, en un sistema ideal de coordenadas, los objetivos con las oportunidades. Los objetivos son las respuestas que las instituciones y los agentes económicos, sociales y culturales se dan de una forma concertada para responder a los desafíos de su entorno y a sus demandas internas. Las oportunidades aparecen o se inventan, proceden de iniciativas públicas o privadas, endógenas o exógenas. Pero si los objetivos no están claros las oportunidades no se aprovecharán positivamente. Estos objetivos sólo adquieren consistencia, coherencia y legitimidad si forman parte de un todo, de un Proyecto Global de Ciudad o de región, concertado socialmente, liderado democráticamente y validado culturalmente.

El auge actual del planeamiento estratégico, la revalorización de los gobiernos locales y regionales y la recuperación de los valores culturales o morales para orientar las políticas urbanas expresan hoy esta necesidad de una política urbana con objetivos. La nueva política urbana es una estrategia que construye su territorio regional, es decir define y delimita nuevos ámbitos espaciales sobre los cuales las instituciones públicas y los actores económicos y sociales deben actuar conjuntamente (p.ej. los grandes ejes y las macro-regiones europeos) pero también y sobre todo debe responder al desafío más próximo : el de hacer ciudad sobre la ciudad.

desafios del territorio

El desafío urbano : hacer ciudad sobre la ciudad

Hay una estrategia urbana para construir un nuevo territorio que va más allá de la ciudad metropolitana. Un territorio que estará en muchos casos polarizado por una gran ciudad. Pero en otros no tanto, como la llamada « terza Italia » y de algunas regiones francesas y alemanas . Pero, en todos los casos nos encontramos que las unidades territoriales fuertes lo son por la fortaleza de su « sistema de ciudades ».. El espacio urbanizado no es ciudad. El territorio articulado exige ciudades, lugares con capacidad de ser centralidades integradoras y polivalentes y constituido por tejidos urbanos heterogeneos social y funcionalmente. Hacer ciudad es, ante todo, reconocer el derecho a la ciudad para todos. Frente a los procesos disolutorios de la urbanización periférica, a la degradación de los centros heredados y a la eclosión de pseudo-centralidades monofuncionales, reivindicar el valor ciudad es optar por un urbanismo de integración y no exclusión que optimice las « libertades urbanas ».

¿Cuáles son los desafíos decisivos específicamente urbanos para hacer ciudad sobre la ciudad y hacer efectivo el derecho a la ciudad ? La respuesta es casi obvia : centros, tejidos urbanos y movilidad.

Los centros : ¿Qué hacer con los viejos ? ¿Cómo hacer nuevos centros ? En los viejos centros la dialéctica infernal congestión-degradación puede ser sustituida por la dialéctica conservación-trasformación. La congestión se debe tanto a la especialización terciaria de algunas de las zonas como a la inadecuación de algunas de su tramas a la utilización intensiva del automovil. La cosa está en que no sean ni monofuncionales (p.ej. administratiVos) ni se pretenda que sirvan para todo, sino quie tengan algunas funciones predominantes (comercial, cultural, turística, etc.) incluyendo siempre la residencial. No pueden estar saturados de autos, pero deben ser fácilmente accesibles (transporte subterráneo, parkings estratégicos). La degradación se reduce mediante estrategias que combinen apertura de algunos ejes y espacios públicos con acupuntura múltiple en los puntos más críticos.

Esta acupuntura combina normalmente, además de los espacios públicos citados, actuaciones de renovación de bloques de viviendas, equipamientos culturales o educativos (p.ej. universitarios), promoción del comercio, prevención de la inseguridad, etc. Sin olvidar que no está mal mantener o aceptar algunas áreas marginales que son a la vez refugio y aventura. Solamente mediante una acción permanente de transformación se conservarán los viejos centros. Precisamente la conservación en si misma es los que plantea el problema conceptual más delicado. ¿Qué conservar ? ¿El conjunto de la trama, islotes o manzanas, edificios aislados ? Evidentemente hay que encontrar soluciones de compromiso, que pueden ser distintas en cada caso. Pero la cuestión conceptual que hay que debatir es la del patrimonio histórico, la de la memoria colectiva, la monumentalidad y el sentido que transmite. Y también la importancia que se conceda a la animación urbana diurna y nocturna, a la calle y a la plaza como lugares de estar y no vias de pasar, a la presencia de todo tipo de gentes y a sus encuentros...

La historia urbana que los ciudadanos asumen depende, en parte por lo menos, de las decisiones que se toman, casi siempre poco democráticamente, sobre edificios, monumentos, nombre de calle, planos y guías turísticas,etc. Y la integración de los habitantes de la aglomeración metropolitana depende también´n bastante del uso que pueden hacer de los centros con historia. ¿Alguna vez nos preguntamos por qué se transmite un sentido militarista de la historia, por qué se mitifican ciertos estilos burgueses o aristocráticos y se destruye la memoria popular, por qué hay barrios enteros que nunca salen en planos, incluso en los editados por los gobiernos municipales ?(9) Los centros no son solamente los núcleos neurálgicos de la vida urbana por su capacidad multifuncional y de producir sentido integrador. También son el lugar de la diferencia. Las ciudades se diferencian, sobre todo, por sus centros. Su competividad y su potencial integrador serán mayores cuanto mayor sea su diferenciación de las otras ciudades.

¿Y como hacer nuevos centros ? ¿Dónde ? Los nuevos centros son necesarios para conservar los viejos, para desarrollar nuevas funciones y para estructurar la ciudad metropolitana. ¿Dónde ? Allí donde la ciudad se encuentra con sus periferias y aprovechando zonas obsoletas o que la evolución urbana necesita reapropiarse (áreas industriales desactivadas, terrenos militares, viejas estaciones o puertos, etc.). Es preciso apostar por su accesibilidad, por su multifuncionalidad y por su monumentalidad. Las nuevas centralidades no deben acompañar necesariamente todas las dinámicas urbanas, sino deben apoyarse en una fuerte acción pública para contrarrestar sus efectos perversos. Evidentemente hay que elegir y esta acción pública debe apoyarse en potencialidades objetivas de las áreas escogidas, en operaciones realizadas en cooperación pública-privada y cuyos desarrollos posteriores se deberán en gran parte al mercado. Pero, las nuevas centralidades reequilibradoras social y territorialmente, polivalentes, estructuradoras del territorio, abiertas a la evolución y a la diversidad, no se realizarán sin proyectos públicos fuertes que marquen el lugar e impongan compromisos a los agentes económicos.

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La movilidad y la visibilidad

Maximizar la movilidad de todos y la accesibilidad de cada una de las áreas de las ciudades metropolitanas es una de las condiciones para que la ciudad democrática sea real. Si existe una tendencia a la diferenciación social horizontal, a los « in » y a los « out », y si la diversidad de funciones y de ofertas está distribuida desigualmente por un territorio extenso, la movilidad plurimodal y la accesibilidad de cada punto es una condición de ciudadanía. El derecho a la movilidad debe complementarse con el derecho a la visibilidad. « En al ciudad hay zonas iluminadas y zonas oscuras. Un gobierno democrático de la ciudad debe comprometerse a encender algunas luces en todas las zonas oscuras », dijo con expresión que nos parece muy afortunada el que fue alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall en los inicios de su mandato (1983). Movilidad y accesibilidad no dependen únicamente de sistemas de transportes adecuados a las demandas heterogéneas, aunque sea una condición sine qua non. También dependen de la diversidad y de la distribución de centralidades, de la calidad urbana y de las ofertas de servicios de las zonas menos atractivas, de la existencia en ellas de algunos elementos que les proporcionen personalidad e interés. Es decir no se trata únicamente que los habitantes de las zonas oscuras puedan movilizarse por el conjunto del territorio metropolitano. Se trata también de « iluminar » estas zonas para que sean visibles al resto de la ciudadania. Todos tenemos derecho a la ciudad y este derecho incluye la movilidad y también el reconocimiento por los otros. Todos tenemos derecho a sentirnos orgullosos de donde vivimos y a que los otros reconozcan la dignidad de nuestro lugar de residencia. Lo cual nos remite a los tejidos urbanos.

Los tejidos urbanos

Heredamos unas tramas, contruimos otras, algunas se degradan con el uso, otras se adaptan a nuevos usos. Excepto entre especialistas no se analiza ni se debate por qué ocurre todo ésto. Los responables politicos y los funcionarios toman decisiones sectoriales (sobre vivienda o actividades económicas, sobre circulación o diseño de vías y espacios públicos, etc.), sin conocer o sin preocuparse de sus efectos sobre el tejido urbano y los usos sociales que facilita o obstaculiza. Y muchas veces sin haber nunca puesto los pies en los lugares afectados. Los ciudadanos viven la trama urbana como un hecho « natural » y excepto en situaciones críticas (p.ej. una vía rápida que deben atravesar los peatones con grave riesgo) expresan su opinión con los pies, no con la cabeza : utilizan más o menos los espacios urbanos. Cada uno tiene su trama subjetiva : la forma de la ciudad según sus trayectos cotidianos, Julien Gracq (10).

Pero no hay casi nunca debate ciudadano sobre formas y tramas urbanas. Algunas cuestiones que nos parecen relevantes para este debate son :

a) La continuidad y la diferencia de la trama urbana. La continuidad formal (p.ej.la cuadricula de los ensanches, los grandes ejes) es un importante factor de integración ciudadana. Por otra parte es conveniente que cada zona de la ciudad tenga elementos diferenciales, bien como resultado de la trama heredada, bien por la producción presente de morfología específica. Las formas que tome el « zurcido » urbano (mediante ejes viarios, espacios públicos, actuaciones constructivas, lugares con alguna dimensión de centralidad) deben tener en cuenta el necesario compromiso entre continuidad y diferenciación, pues ni la integración es homogeneidad ni la diferenciación debe resultar marginación. El territorio precisa de ejes que expliciten su continuidad y de hitos que marquen los lugares.

b) El debate sobre homogeneidad o heterogeneidad social no puede partir de fundamentalismos, ni sobre la inevitabilidad (o incluso la conveniencia) de áreas socialmente homogéneas, es decir la segregación clasista del territorio, ni sobre el axioma de que todos los barrios deben maximizar la mixtura social. Por una parte porque la realidad de cada ciudad, su historia urbana, ha generado áreas mixtas y otras más homogeneas que no se pueden cambiar radicalmente . Y en segundo lugar porque si bien se puede orientar el mercado y las administraciones públicas pueden impulsar actuaciones que introduzcan elementos de heterogeneidad social, estas políticas tienen sus límites. Sin embargo hay un valor público que es el que pensamos debe tener prioridad : la heterogeneidad, la mezcla, la presencia de colectivos sociales distintos en cada zona de la ciudad facilita tanto el funcionamiento urbano (empleo, movilidad, equipamientos, etc.) como la integración sociocultural. Esta heterogeneidad se consigue tanto mediante la residencia como mediante el uso de los espacios urbanos.

c) La trama urbana debe poder adaptarse a usos diversos y favorecer la multifuncionalidad. La ciudad no soporta bien el zoning rígido. La mezcla de funciones es posible y deseable si se sabe sacar partido de ella. Los edificios administrativos públicos o privados pueden generar en sus áreas de acceso y plantas bajas espacios de esparcimiento. Las manzanas industriales pueden tener entornos ajardinados que no signifiquen rupturas psicológicas y ambientales en áreas residenciales. Se pueden multiplicar los ejemplos de mezclas positivas. Un área urbana que permite la flexiblidad de usos es la que mejor se adapta a su evolución y puede mantenerse correctamente durante mucho tiempo (ej. Ensanche Cerdà de Barcelona, cuadriculas latinoamericanas como Buenos Aires, barrios para trabajadores de calidad deViena o Amsterdam, etc.).

d) La monumentalidad y la identidad de cada tejido urbano es una exigencia social. Cuanto más problemática o deficitaria sea una zona más hay que invertir en la calidad del espacio público (ver puntos siguientes). e) La animación y la seguridad urbana. La vitalidad del ambiente urbano es un factor importantisimo de atractividad y capacidad de integración. La seguridad urbana depende sobre todo de la presencia de gente en la calle (ver puntos siguientes). ¿Cómo responder a estos retos urbanos ? ¿Cómo plantear las respuestas en el marco de las políticas urbanas ? La concepción de los proyectos urbanos no debería ser nunca funcionalista strictu sensu, ni debiera tener objetivos a corto plazo solamente. Los proyectos urbanos, sea cual sea su escala, pero especialmente los considerados de gran o mediana escala, deben plantearse siempre como un compromiso entre objetivos diversos : funcionamiento urbano, promoción económica, redestribución social, mejora ambiental, integración cultural, etc. Siempre deben establecer previsiones sobre sus impactos queridos y no queridos, (para reducirlos al máximo). No olvidar que cada proyecto puede ser mucho más importante por lo que suscita que por los que es en primera instancia. La participación ciudadana no es una exigencia retórica, ni una formalidad informativa, sino un debate político y cultural. En el que deben podre intervenir muchos actores, residentes presentes y futuros, usuarios de trabajo, de esparcimiento y de paso. Nadie es propietario exclusivo de cada trozo de territorio. Ni la municipalidad, ni el promotor, ni los vecinos. El debate ciudadano tiene que estar orientado por objetivos políticos explícitos, es preciso hacer emerger los valores culturales y los intereses sociales implicitos, hay que presentar las propuestas técnicas y financieras con la máxima claridad (lo cual se hace raras veces) y cada uno tiene que tener su oportunidad. Lo cual exige proporcionar medios a los que no los tienen (ver más adelante). Y, por cierto, las administraciones públicas y en especial el gobierno local no pueden renunciar a un rol regulador e impulsor de la transformación y de la cohesión de los tejidos urbanos. Su rol no es ni imponer sin debate su imperio en aquellas funciones limitadas que posee en exclusiva ni seguir cerrilmente las dinámicas del mercado. Ni tampoco condenarse a la no decisión escuchando a unos y a otros sin tomar partido. El gobierno local debe tener un proyecto político e intelectual para la ciudad.

El desafío del espacio público : la prueba del urbanismo

La bondad del urbanismo actual se verifica en la cualidad del espacio público. « Nosotros también tenemos derecho a la belleza » me decía una anciana de una favela de Santo André (Sao Paulo – Brasil). A la belleza, al lujo incluso, pues, nunca hay despilfarro cuando se da riqueza a los pobres. Por lo tanto, ante todo, el espacio público es un desafío y una oportunidad para la justicia urbana. Reivindicamos la máxima cualidad para el espacio público de cotidianidad, pero también el acceso a los espacios públicos de centralidad para todos. El espacio público es un desafío global a la política urbana : un desafío urbanístico, político y cultural, referido a toda la ciudad. Urbanístico : el espacio público no es lo residual entre lo construido y lo viario. Debe considerarse el elemento ordenador del urbanismo, sea cual sea la escala del proyecto urbano. Es el espacio público al que puede organizar un territorio que pueda soportar diversos usos y funciones y el que tiene más capacidad de crear lugares. Debe ser un espacio de la continuidad y de la diferenciación, como decíamos antes. Para los gobiernos locales el espacio público es el examen que deben aprobar para ser considerados « constructores de ciudad ». Político : el espacio de expresión colectiva. De la vida comunitaria, del encuentro y del intercambio cotidianos. Nada es ajeno a este desafío : unidades de vivienda, centros comerciales, escuelas, equipamientos culturales o sociales, ejes viales, por no citar calles y galerías, plazas y parques. Todas estas realizaciones arquitectónicas son susceptibles de un tratamiento urbanístico que genere espacios de transición, que contribuya a crear espacios de uso colectivo. Es una cuestión de voluntad política, de que sentido quiera darse a la cotidianidad ciudadana (11).

Pero hay otra dimensión política del espacio público : el de los momentos comunitarios fuertes, de afirmación o de confrontación, el de las grandes manifestaciones ciudadanas o sociales. La ciudad exige grandes plazas y avenidas, especialmente en sus áreas cívicas centrales (y también, a otra escala, barriales), en los que pueden producirse grandes concentraciones urbanas. Estos actos de expresión política tienen su lugar preferente ante los edificios o monumentos que simbolizan el poder. En consecuencia es esencialmente antidemocrático cuando por medio de la prohibición de acceso o del diseño urbano se impide este tipo de manifestación. Al contrario : hay que ampliar el espacio público hasta el interior de los edificios políticos y administrativos que representan o ejercen poder sobre la gente. Por lo menos su planta baja. Cultural : La monumentalidad del espacio público expresa y cumple diversas funciones ; referente urbanístico, manifestaciones de la historia y de la voluntad del poder, símbolo de identidad colectiva....

Es uno de los mejores indicadores de los valores urbanos predominantes. ¿Por qué grandes edificios públicos se nos imponen como fortalezas (religiosas, políticas) o son inaccesibles al público a pesar de su supuesto rol representativo (palacios, algunos parques) ? ¿Por qué las avenidas de carácter esencialmente popular se coronan con monumentos o se las bautiza con nombres que glorifican gestas militares para nada populares ? ¿Por qué se ornamenta y se cualifican como culturamente válidas ciertas zonas de la ciudad y no otras abandonadas o desvalorizadas ? La gestión democrática de la ciudad consiste precisamente en lo contrario : socializar la monumentalidad central y « monumentalizar las periferias » descualificadas (12).

Pero, la dimensión cultural del espacio público no se limita a la monumentalidad sino al conjunto de los espacios, equipamientos e infraestructuras de la ciudad. Las formas siempre transmiten valores, la estética es también una ética. Menospreciar lo público, su calidad, su belleza, su adecuación a los gustos y aspiraciones de los distintos sectores de población más allá de su función específica, es simplemente dejar de lado a la gente y contribuir a los procesos de exclusión. Nada justifica que no haya una preocupación y un debate públicos sobre el diseño, el color, los materiales, etc. de grandes edificios públicos, de estaciones o autovías urbanas, de hospitales, o cuarteles, etc.

¿Quién determina el espacio público ? ¿Cómo se producen y como se evaluan ? El espacio público es ante todo una determinación político-jurídica, pero también un producto del uso social. Es decir hay « espacios públicos » inaccesibles o prohibidos y otros, que no son juridicamente públicos, de uso colectivo intenso. Parece razonable plantearse como socializar los primeros y publificar los segundos. En la actualidad se da una patología que podría denominarse agorafobia urbana (ver nota 1). No sólo se confunde vialidad con espacio público y seguridad con privatización, sino que esta tendencia social la refuerzan los poderes públicos cerrando y especializando los lugares públicos (13) frente a demandas de signo opuesto. Pero hay experiencias diversas que demuestran que es posible desarrollar por lo menos 3 estrategias de « producción de espacios públicos » : regeneración, reconversión y producción ex novo. La regeneración de espacios públicos cubre distintos tipos de actuaciones como : - Recuperación de los centros históricos degradados por medio de aperturas de calles y plazas, animación lúdica y comercial en espacios abiertos (ferias, exposiciones, fiestas, etc.), equipamientos universitarios y culturales, peatonalización y mejora de las calles existentes, medidas para crear una imagen de mayor seguridad, etc. - Reconversión de vías urbanas que en las últimas décadas quedaron monopolizadas por la circulación en avenidas, paseos, bulevares, jardines, terrazas, etc. - Mejora mediante ajardinamiento, mobiliario urbano, iluminación, actuación sobre los entornos etc. de calles y plazas de los barrios de bajo nivel de urbanización (ex perifericos muchas veces) para que se conviertan en verdaderos espacios públicos de uso colectivo y proporcionen calidad de ciudad a estos barrios. La reconversión : nos referimos a la conversión en espacios y equipamientos públicos de áreas que hasta ahora fueron infraestructuras de comunicaciones (puertos, estaciones), industrias desactivadas, cuarteles, etc. que por sus condiciones materiales o de localización pueden considerarse obsoletas o de usos alternativos más positivos para la ciudad. Lo cual supone una negociación política con agentes públicos o privados (tener en cuenta que los agentes públicos actúan a veces con escasa visión del interés público ciudadano y pueden combinar la arrogancia administrativa con el afán especulativo). La exigencia de reversión a la ciudad, sin otros costes que el desmantelamiento y traslado, parece una demanda lógica de los gobiernos locales, sobre todo cuando los interlocutores son entes públicos.

La producción de espacios públicos ex – novo no sólo debe formar parte principal de toda operación de desarrollo urbano, sino que debe ser, como ya dijimos, el elemento ordenador de la misma, tanto en la articulación con el resto de la ciudad metropolitana como en la ordenación interna. Pero, hay otras oportundiades de producir espacio público como son : - La consideración con espacios públicos, y no como espacios vacíos, de los espacios naturales (forestales, frentes de agua, reservas ecológicas), definiendo usos compatibles con su sostenibilidad. - La utilización de áreas vacantes para zurcir la trama urbana periférica mediante parques equipados y accesibles, nudos de comunicaciones con vocación de atraer elementos de centralidad, etc. - La utilización de las nuevas infraestructuras de comunicaciones, como los anillos de circunvalación y los intercambiadores, para generar espacios públicos y suturar barrios en vez de fragmentarlos (14). - La apertura de nuevos ejes en la ciudad construida para dotarla de mayor monumentalidad, desarrollar y articular sus centralidades y generar espacios públicos / lugares fuertes (15). Y por último ¿quién y cómo se hacen los proyectos de espacios públicos ? Es obvio que la Administración pública juega un rol principal por la misma naturaleza de estos espacios.

Pero conviene introducir algunas precisiones : - El gobierno local es el más indicado para definir y programar los espacios públicos, pero en muchos casos deberá concertar sus iniciativs con otras Administraciones, bien por su competencia legal o su propiedad del suelo, bien por la necesidad de confinanciar los proyectos. El caso más claro es el que tiene que ver con las grandes infraestructuras o la reversión a la municipalidad del suelo de zonas militares, portuarias, etc. - La necesidad de adaptar los programas a realidades sociales heterogéneas y a situaciones a veces micro locales, que exigen intervenciones oportunas y a la vez integradoras de demandas diversas, requiere en las grandes ciudades una programación y una gestión descentralizada de los proyectos de espacios públicos (16). -

También, cada vez más, hay iniciativas privadas o mixtas que, asumen la producción o la gestión de espacios públicos (o la sponsorización, el mantenimiento, la vigilancia, etc.). Lo cual puede estar muy bien... o no. Puede también conducir a una privatización excluyente de los espacios públicos si la administración pública no establece normas de uso adecuadas. - Los programas de espacios públicos, en bastantes casos forman parte de programas urbanos que incluyen otros objetivos y diversidad de actores con finalidades más específicas e inmediatas. En consecuencia el programa de espacios públicos debe ser muy fuerte de entrada y ser defendido a lo largo de todo el proceso de desarrollo del programa. Si no los supuestos condicionantes constructivos o de circulación, por ejemplo, van reduciendo o desvalorizando los espacios públicos.. Por otra parte es del mayor interés la inserción de los programas de espacios públicos en los grandes proyectos urbanos, pues contribuyen, o así debería ser, a su calidad, multifuncionalidad y capacidad de evolución.

La sostenibilidad y el uso social futuro de los espacios públicos son dos cuestiones que deben plantaerse desde la concepción de los mismos. Lo cual supone tener en cuenta a sectores profesionales, culturales y sociales que pocas veces se hace. En resumen, los espacios públicos requieren un debate público, una participación ciudadana, a lo largo del proceso de concepción, producción y gestión. ¿Participación de quién ? La lista podría ser interminable. También se podría simplificar diciendo que los que se manifiesten como interesados. Sin embargo hay algunos colectivos sociales que nos parecen que requieren una atención especial y por lo tanto es preciso hacer emerger sus aspiraciones. Las mujeres ante todo. Sus tiempos, sus demandas de accesibilidad o de iluminación y tantos otros aspectos que se escapan a los « responsables masculinos » (17). Los jóvenes, que no son necesariamente « los vecinos ». Los viejos y los niños a los que nadie pregunta y pocos observan y defienden (quizás las mujeres). Las minorías étnicas, culturales o sexuales que sufren algún tipo de exclusión.

Es preciso entonces que los profesionales asuman una especial responsabilidad en la concepción y diseño de los espacios públicos. No son un tipo de proyectos como otros. No es suficiente responder a la demanda del « cliente », sea Administración pública, organismo autónomo o empresa privada. Hay que hacer lo necesario para que se expresen todos estos intereses. Y producir y difundir una cultura de espacios públicos que permita hacer propuestas y también cuestionar o combatir aquellas demandas o exigencias sociales no siempre generosas, con los otros o con uno mismo. Más que cualquier otro programa urbano un proyecto de espacio público necesita apoyarse en valores éticos, de libertad, tolerancia y solidaridad.

El desafío de la integración y la demanda de identidad

La exclusión es un concepto a la moda, que expresa una realidad múltiple y dolorosa : los sin trabajo, los sin papeles, los sin familia, los sin vivienda formal... La exclusión se manifiesta sobre todo en las áreas urbanas. Hay territorios y grupos excluidos. En Francia se inventa la « zona » para distinguirla de la « banlieu », es decir la periferia de los marginales de la de los integrados. Los territorios de exclusión son aquellos que expresan el fracaso de la ciudad, la no ciudad, o como escribió Francisco Candel « donde la ciudad pierde su nombre ». Los « terrains vagues » ocupados por gentes fuera del circuito del reconocimiento social.

El problema al que se confrontan hoy las áreas urbanas es el del crecimiento de estos territorios de exclusión y de los grupos marginados por la acumulación de exclusiones : ni trabajo ni ingresos estables, en zonas de escaso o nulo reconocimiento social, pertenecientes a grupos étnicos o culturales poco o nada aceptados institucionalmente (incluso ilegales), desintegrados familiarmente (personas solas, viejos, niños o jóvenes desescolarizados,...) La ciudad es un enorme continente de problemáticas sociales. Las políticas urbanas no pueden permanecer indiferentes en nombre de sus competencias legales y de sus medios económicos limitados. El urbanismo no puede resolver todos estos problemas. Por lo menos no debería agravarlos, como dijimos al principio. En consecuencia hay que plantearse siempre, en cada programa de actuación municipal, en cada proyecto urbano, cual es su contribución a la cohesión social, a la integración de sectores excluidos. Ya nos hemos referido al espacio público y más en general al urbanismo, como un medio potencial de promover la redistribución social de bienes y servicios, de favorecer las relaciones sociales y de dar sentido a la vida cotidiana para todos los grupos y las áreas urbanas. Teniendo en cuenta las desigualdades y las discriminaciones existentes : diversos estudios sociológicos pero también la simple observación demuestran las diferencias de uso de los espacios públicos según el género, la edad, el grupo étnico de pertenencia, etc. (ver nota 17, ya citada).

Es obvio que no es suficiente el urbanismo para promover la integración socio-cultural en la ciudad. Sin embargo, es un buen punto de partida para plantearse tres objetivos integradores : la creación de espacios que refuercen identidades, el reconocimiento de las diferencias y la existencia de momentos y lugares de expresión universalista. Espacios sin identidad La ciudad es, o debería ser, un sistema de lugares, es decir de espacios con sentido. Por lo tanto al tratar los centros y los barrios, las vías públicas y los equipamientos, los monumentos y todos los elementos que configuran la imagen urbana (desde el transporte público, hasta la publicidad) hay que cuestionar el sentido que transmiten. Promover la integración quiere decir que todos estos lugares y elementos deben contribuir a la identidad de la ciudadanía. O mejor dicho, a las identidades. Cada grupo debe encontrar espacios y lugares, signos y señales, con los que se pueda identificar. Reforzar la identidad de grupo (de edad o de género, barrial o social, de orientación cultural o sexual, étnico o religioso) no va contra la integración global en la ciudad, sino que generalmente la facilita.Producir sentido mediante la identificación con los elementos materiales y simbólicos del entorno supone contribuir a la cohesión interna de los colectivos sociales, pero también a su visibilidad en el magma urbano. Reconocer las diferencias en el territorio y el derecho al encuentro. Si la ciudad debe contribuir a que se expresen las identidades diferenciadas, también es el lugar de encuentro y de intercambio, por lo tanto una escuela que estimula la innovación y la tolerancia. Para que ello sea posible el diseño de los espacios públicos y de los equipamientos, la concepción de las áreas residenciales y de las centralidades deben garantizar la accesibilidad a los distintos grupos de ciudadanos y favorecer su presencia y su mezcla (sin perjuicio de que se diferencien funciones). El contacto y el intercambio suponen también que se internalicen unas prácticas administrativas y unas pautas culturales que vean en la mezcla un valor positivo y no una molestia o un peligro. La agorafobia, la obsesión por la seguridad, el « racismo » machista, xenófobo o antijoven, que son muchas veces comunes a aparatos del Estado y a sectores importantes de la población son negadores de uno de los valores más importantes de la ciudad : el derecho al encuentro. La ciudad como lugar de universalidad ¿Globalización y ciudad global ? Se ha convertido en un discurso banal. En todas las épocas las ciudades han sido lugares centrales del intercambio de productos y de ideas.

La intensidad del intercambio dependerá obviamente del grado de desarrollo económico y tecnológico, de los medio de transporte y comunicación y del orden político mundial. Hoy se produce en tiempo real en algunos aspectos (medios de comunicación, finanzas y negocios) y son más numerosos los actores implicados. ¿Pero esto ha cambiado sustancialmente la vida de la gente ? ¿Cosmopolitismo y ciudadanos del mundo todos ? No, sólo una pequeña parte de la ciudadanía vive globalizada. No todos están en Internet, no todos están conectados con el resto del mundo. Incluso la difusión del turismo  internacional en los países más desarrollados supone únicamente, casi siempre, visitar « enclaves » en los que se reproduce entorno conocido. La ciudad como lugar de la universalidad es otra cosa. Es el ámbito de construcción y expresión de valores con vocación más o menos universal. El lugar donde « mucho más temprano que tarde abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor ». Salvador Allende (18).

Estas grandes alamedas deben existir, debe haber un espacio cívico para las grandes concentraciones, culturales o políticas, donde se expresan los movimientos colectivos más amplios. Ya sabemos que estos movimientos sociales pueden tener motivaciones y objetivos corporativos o localistas, pero encuentran también su legitimidad en su referencia a valores más universales, derechos humanos, libertades, solidaridad. Y es necesario para la integración ciudadana, para que funcione la tolerancia y la apertura al mundo que se expresen y tengan lugares de expresión en los lugares más centrales, más significantes. Esta referencia a la universalidad nos lleva a una última reflexión : ¿la integración socio-cultural qué tipo de identidad constituye ? La ciudad es en si misma un conjunto de identidades que se suman, se confrontan o viven en forma más o menos aislada unas de otras. Hay identidades barriales, otras de carácter étnico (debido a las inmigraciones), de género y de edad (mujeres, jóvenes), de carácter socio-político, etc. A veces se apoyan en el territorio, otras veces muy escasamente. ¿Estas identidades se oponen o facilitan la integración ciudadana global ?

La facilitan por la vía de la suma o de la confrontación, es decir si hay algún tipo de relación con la sociedad y el espacio urbano más globales. Cuando estas identidades de grupo expresan aislamiento (o contribuyen a él) es más discutible aunque en la medida que permiten superar la anomia y refuerzan al grupo también facilita su relación colectiva o individual con el resto (p.ej. las asociaciones de minorías étnicas). Existe una identidad socio-cultural ciudadana distinta de este conjunto de identidades descritas. Es un triple producto de la historia de la ciudad, de los grupos y de los valores hegemónicos en el presente (que pueden expresarse a través de de un liderazgo político) y de los proyectos y colectivos emergentes, es decir de futuro. Cuando alguno de estos elementos es débil, la integración socio-cultural es más difícil. Esta identidad socio-cultural ciudadana a su vez puede articularse más o menos a las identidades nacionales, estatales o más globales (europea, p.ej.). Es una relación compleja., sobre la que es difícil generalizar. En algunos casos la articulación parece relativamente fácil : p.ej. Barcelona-Catalunya, Paris-Francia, lo que no excluye dimensiones conflictivas. En otras la relación predomina la confrontación, cuando no el espíritu secesionista : p.ej. ciudades del norte de Italia respecto al Estado italiano. Estos casos también pueden expresar un déficit de valores universalistas ciudadanos o una incapacidad para asumir la hegemonía respecto a entornos considerados como antagonistas (por su poder, o por su dependencia, de todo hay). 

El desafío de la incomunicación y el derecho a la relación social

La ciudad es el lugar por excelencia donde se construye la relación social (« le lien social » es hoy un concepto de moda en la sociología francesa). Si la relación social se debilita, si resurgen o se desarrollan fenómenos de anomía (otra vez la sociología francesa, ahora clásica : Durkheim), si la falta de cohesión social y de cultura cívica se convierten en lamentaciones permanentes, si vuelve el miedo a la ciudad y prevalece una visión apocalíptica de la misma, entonces algo muy grave está ocurriendo. La ciudad no provoca necesariamente esta ruptura, pero la expresa con escandalo. ¿Por donde se rompe la relación social ? Los mecanismos de la exclusión son diversos y anteriormente ya citamos los más específicamente urbanos : las áreas donde se produce el circulo vicioso de la exclusión, donde se acumulan los efectos del paro, de la marginalidad territorial y cultural (minorías étnicas), de la pobreza, de la anomia interna, de la falta de reconocimiento social, de la débil presencia de las Instituciones y de los servicios públicos y de la dificultad para hacerse oír y escuchar por las Administraciones (19). Creemos que hay un elemento básico que está en la raíz de la exclusión y en la ruptura de la relación social : la pérdida (o el no haber tenido nunca) de los medios para comunicarse con los otros. La ciudad, hemos dicho, es comercio y cultura, es decir intercambio y comunicación. Las dinámicas urbanas más perversas que disuelven la urbe-ciudad, agravan la ruptura de la relación social. Un urbanismo más integrador y significante puede contribuir a restablecerla. Pero hay otros mecanismos incluyentes-excluyentes más allá del urbanismo y que deben ser asumidos por las políticas urbanas. Tres nos parecen especialmente relevantes : empleo remunerado / paro, comunicación y nuevas tecnologías y relación de los ciudadanos con las Administraciones públicas.

Empleo remunerado / paro. La relación social se establece principalmente por medio de trabajo : ingresos, inserción en la sociedad activa, reconocimiento por los otros. Hoy el paro es con toda seguridad la causa más importante de ruptura de la relación social, no solamente por como afecta a los que pierden el empleo sino también porque deja sin esperanza de inserción a una parte importante de la población joven. ¿Es posible hacer algo desde la política urbana ? Es necesario. ¿Cómo ? - Los proyectos urbanos deben incorporar entre sus objetivos la generación de empleo - Las políticas públicas pueden promover importantes yacimientos de empleos adecuados a los sectores más vulnerables como en el mantenimiento urbano y la ecología de la ciudad y en los llamados servicios de proximidad. - La educación,la cultura y el esparcimiento, la seguridad ciudadana, los servicios sociales, son sectores susceptibles de ofrecer binomios de formación –empleo para los jóvenes (20).

Así como las tecnologías de comunicación y las relaciones Administración-ciudadanos (información, asistencia). Estos y otros medios no parecen sin embargo suficientes para volver a un a situación próxima al pleno empleo formal en las áreas urbanas. Por ello creemos que hay que plantearse seriamente el debate y experimentar la aplicación de alguna de las diversas modalidades de « salario ciudadano » que diversos colectivos y expertos proponen en Europa (21). Tecnologías de información y comunicación y ciudadanía Estas tecnologías que ya no es preciso continuar denominándolas « nuevas », pueden ser incluyentes o excluyentes . Actualmente se ha impuesto la concepción economicista (technological push) sobre otra más orientada a su utilidad para cubrir las necesidades colectivas (social pull). Algunas propuestas para un uso incluyente de las TIC ( 22) : - El sector público debe partir de las necesidades ya identificadas en equipamientos y servicios para regular la oferta y no dejar que ésta se oriente únicamente hacia los sectores consumidores más solventes. -

Asi mismo conviene priorizar las redes descentralizadas de carácter público o social (en educación, sanidad, cultura, medios de comunicación social de ámbito local, etc.) y no como ahora la oferta industrial concentrada. - La legislación (europea, nacional) debe garantizar el acceso gratuito de toda la población a la información de origen público. - Los poderes locales utilizarán las TIC para transformar las relaciones Administración-ciudadanos (p.ej. ventanilla única) y para promover la capacidad de expresión ciudadana, especialmente de los sectores que sufren algun tipo de discriminación o de exclusión. - Las TIC serán consideradas servicios de interés general y los poderes públicos garantizarán la igualdad de acceso mediante políticas activas a favor de los usuarios y un observatorio de vigilancia de sus usos. Relacion ciudadanos-Administraciones públicas Aunque el discurso público en los últimos tiempos parece muy preocupado por la exclusión es aún más preocupante como su práctica muchas veces contribuye a reforzar los mecanismos excluyentes. Las políticas urbanas, especialmente a la hora de efectuar grandes proyectos de infraestructuras, raramente tienen en cuenta objetivos de redestribución social y de integración de sectores excluidos. Otras veces se realizan proyectos destinados a sectores vulnerables (operaciones de vivienda, espacios públicos, etc.) sin tener en cuenta, ni tan solo escuchar, las demandas de esta población, y menos aun, intentar primero entender sus aspiraciones. El funcionamiento político (partitocrático) y administrativo (burocrático) es ya en si mismo excluyente para una gran parte de la población.

Frente a estas situaciones el discurso crítico cae fácilmente en la retórica populista. Lo que está al orden del día es la transformación de las relaciones entre Instituciones políticas y ciudadanía. La descentralización de los gobiernos locales, el planeamiento estratégico con participación ciudadana, la gestión mixta de equipamientos y servicios, la democratización de las TIC que hemos citado anteriormente y en general todas las actuaciones de « acción positiva » para dar voz a los que no la tienen o no se hacen escuchar son caminos indicativos de que se reducen los márgenes de la exclusión.

El desafío de la democracia y de la ciudadanía en el territorio : el derecho a la innovación política y a la ilegalidad

No hay duda que hay un déficit democrático en los ámbitos de la globalización, de la economía mundial, de los medios de comunicación social uniformadores, de las organizaciones internacionales. Una democracia territorial de proximidad, regional-local, fuerte, podría ser un contrapeso importante y un mecanismo de participación democrática en los ámbitos globales.

Pero, sería muy ingenuo idealizar la actual democracia local y regional. Es cierto que tiene a su favor un conjunto de factores suficientemente reconocidos como son : - la proximidad a la población en la gestión - la mayor capacidad de integrar las políticas públicas - la representatividad inmediata y directa de los gobiernos locales - la cultura cívica que considera iguales a todos los ciudadanos - la conciencia de identidad que los actuales procesos globalizadores han reforzado, como afirmación frente a la homogeneización. Pero hay otros factores de signo contrario que reducen y hasta suprimen los anteriores como : - los impactos sobre el territorio de decisiones económicas y políticas exteriores sobre las cuales los gobiernos locales y los actores de la sociedad civil tienen escasa o nula influencia y que tienen en cambio importantes efectos sociales y ambientales. - La confusión, superposición y, muchas veces escasa cooperación y poca transparencia de las administraciones públicas actuantes sobre el mismo territorio. - La relativa debilidad legal y financiera en el marco regional metropolitano de los gobiernos locales que les impide jugar el rol integrador para el cual están más capacitados - La no adecuación entre las estructuras políticas representativas y las dinámicas sociales del territorio (los gobiernos locales representan a los durmientes, pero solo en parte a los usuarios del mismo) - La existencia de colectivos de población que no tienen reconocido el status de ciudadano y que por su misma existencia niegan uno de los valores esenciales de la ciudad : la igualdad en el espacio público y en el uso de las libertades urbanas. Un gobierno democrático del territorio requiere un ambicioso proyecto de innovación política. Este proyecto difícilmente saldrá de las instituciones y tampoco de las cúpulas políticas espontáneamente. Es un proceso que debe desarrollarse primero en la vida social y cultural. Algunos elementos innovadores ya apuntan como : - El nuevo territorio regional metropolitano lo construye una estrategia concertada entre instituciones que a su vez debe dar lugar a una nueva forma de gobierno de este territorio. En general no parece ni viable ni razonable crear una nueva institución que se superponga a las muchas ya existentes.

Algunas soluciones más realistas y menos incrementalistas pueden ser :

a) Elección democrática y atribución de competencias « locales » de desarrollo urbano y programación y gestión de grandes equipamientos y servicios metropolitanos a la institución intermedia (tipo departamento o provincia), o mejor dicho, a una entidad sustitoria en el mismo ámbito territorial (modelo italiano y holandés).

b) Creación de un organismo de concertación (tipo consorcio) que reúna a las principales instituciones actuantes en el territorio con el fin de promover el planeamiento estratégico del mismo, coordinar las inversiones y gestiones los servicios de carácter metropolitano - La aplicación sistemática del principio de subsidiaridad supone no solo descentralizar a favor del nivel regional-local todas aquellas competencias y funciones ejercitables en este nivel, sino también atribuir a la institución territorial la coordinación de los programas y proyectos concertados. Este mismo principio supone descentralizar o preservar a favor de los entes municipales y barriales aquellas funciones que requieren más proximidad. En el caso de las grandes ciudades la descentralización es un proceso, en muchos casos incipiente, cuyo desarrollo debiera permitir una participación mucho más intensa y variada de la sociedad civil. Sin embargo, hay que tener en cuenta las tendencias insolidarias que se expresan en los micro territorios (p.ej.suburbios ricos en Estados Unidos y cada vez más en otros países) que en nombre de la subsidiaridad, la descentralización y la sociedad civil, tienden a independizarse de la institución regional, metropolitana o municipal de una gran ciudad y a substituir su participación en los impuestos por la privatización de los servicios.

Por ello es preciso mantener siempre un equilibrio entre gobernabilidad regional-metropolitana y descentralización local-barrial. Es decir, entre eficacia social y participación, entre subsidiaridad y solidaridad. - En el marco legal y financiero básico de las grandes unidades políticas (Unión Europea, estados, regiones autónomas) las relaciones entre poderes públicos tienden a ser más contractuales que jerárquicas y más basadas en la cooperación, que en la compartimentación. No olvidemos que son más complicadas las relaciones públicas-públicas que las públicas-privadas. Aun siendo distintas estos dos tipos de relaciones plantean un reto político-jurídico. Es necesario innovar en las figuras y en los procedimientos para combinar la flexibilidad con la transparencia y la agilidad en las actuaciones con la preservación de los intereses colectivos a medio o largo plazo. En este período de transición hacia nuevas regulaciones, es preciso actuar muchas veces en los límites de la legalidad, o mejor en ámbitos de alegalidad, lo cual puede conducir a la arbitrariedad y a la corrupción. Sin embargo, no es éste el único riesgo. Las reacciones judiciales, mediáticas y sociales ante estas desviaciones de la acción pública conducen a construir múltiples sistemas cautelares y a un auto control paralizante de los responsables públicos. - El mejor control es el que puede ejercer el conjunto de la ciudadanía mediante la información más transparente y la multiplicación de las posibilidades de participación de todos los colectivos sociales. Hoy se habla más de participación ciudadana que política.

Sin embargo, no es difícil constatar que las prácticas políticas y administrativas son tan reacias a innovar en los mecanismos participativos como, incluso, reticentes ante el desarrollo de las posibilidades de los ya existentes. Los programas y proyectos urbanos se presentan casi siempre de tal forma que difícilmente son entendibles por los ciudadanos. No se utilizan medios que serían más comprensibles y motivantes como maquetas, videos, simulaciones, etc. Se evitan las consultas populares y hay poca sensibilidad respecto a tramitar las iniciativas ciudadanas. Algo tan elemental como el presupuesto participativo aparece aun como la excepción. No se trata ahora de exponer los mecanismos posibles de participación que el autor, entre otros, ha expuesto ya en otras ocasiones (23). Si que queremos llamar la atención sobre lo que nos parece el principal obstáculo al desarrollo de la participación ciudadana. No es sólo el marco legal existente casi siempre limitativo y, obviamente, poco abierto a la innovación. Ni tampoco la eventual debilidad de las organizaciones de la sociedad civil, o su insuficiente iniciativa para incidir en las políticas públicas. Todo ello puede contribuir a explicar que la innovación política en cuanto a la participación ciudadana progresa con grandes dificultades. Pero, el principal obstáculo nos parece que reside en la alianza de facto que se da en las instituciones entre la partitocracia y la burocaracia.

La participación ciudadana solo progresa si cuestiona y transforma la vida política local. ¿Qué innovación política local es posible y deseable ? Aquella que permite establecer una separación – confrontación con el sistema político estatal. Precisamente porque consideramos muy necesarias unas relaciones contractuales entre las Administraciones se precisa primero un proceso de ruptura entre la política estatal y la política local. Esta ruptura debe darse por lo menos en tres aspectos : la cultura política, el sistema representativo y la conquista de competencias. La cultura política supone el proceso de legitimización y de hegemonización de los valores y objetivos implícitos en los temas ya al orden del dia de la subisidiaridad, el gobierno de proximidad, la participación ciudadana, el federalismo, la identidad local – regional - nacional (no estatal), la autodeterminación. Es un proceso en marcha que aunque en algunos planteamientos y lenguajes pueda parecer a veces arcáico, es terriblemente moderno. Es la otra cara, imprescindible, de la gobalización y la mejor respuesta al proceso paralelo de debilitamiento del estado centralizado. El sistema representativo local/regional debe distinguirse claramente del estatal y superestatal (europeo, etc.). Los partidos, coaliciones o agrupaciones electorales no deberian ser los mismos. Más claro : los partidos políticos de ámbito estatal no deben presentarse a las elecciones locales. Algunos ejemplos (Canadá, California) demuestran la viabilidad de esta distinción. Somos conscientes de las perversiones posibles de un sistema político local independiente : caciquismo, insolidaridad, populismo, etc.

Estas perversiones pueden darse también a otros niveles, con menos transparencia y más dificultades para combatirlas. El ámbito urbano-regional es por otra parte suficientemente grande y heterogéneo para que en él arraiguen también valores universalistas. Sin secesión del sistema político-representativo no hay confrontación y conquista de cotas significativas de poder ciudadano. La conquista de competencias es la consecuencia necesaria de lo anterior. Hoy sabemos que el espacio urbanoregional es el que determina en gran medida la productividad, la sostenibilidad, la competividad de la economía, la cohesión social y la identidad cultural, y la gobernabilidad. No es posible que su sistema político-legal sea débil y subordinado, que no se le reconozcan ni las capacidades ni los medios para hacer lo que debe hacer. El gobierno democrático del territorio exige conquistar competencias en promoción económicas, justicia y seguridad, infraestructuras y equipamientos del territorio, bienestar social, cultura y medios de comunicación social (24).

¿Quién puede conquistar estas competencias y recursos necesarios ? ¿Cómo ? En términos generales no es posible precisar, puesto que los contextos políticos, legales, territoriales, etc. son muy distintos. Pero, es posible hacer algunas consideraciones generales que no siempre se tienen en cuenta. La conquista supone iniciativa, conflicto y riesgo. También legitimidad, fuerza acumulada, alianzas y negociación.

La iniciativa puede surgir de la institución política local o de un movimiento cívico, incluso de un colectivo social o profesional. Veamos algunos ejemplos :

- La conquista de espacios y de edificios susceptibles de tener un uso público que están en manos de entes públicos o privados que los tiene subutilizados o congelados. Ya nos hemos referido a la necesidad de revertir a la ciudad terrenos militares, portuarios, industriales desactivados, etc. A otra escala algo parecido ocurre con edificios más o menos abandonados y que ha dado lugar al fenómeno okupa. Esta conquista no se dará únicamente por medio de demandas respetuosas de los marcos y de los procedimientos legales. Es preciso tener iniciativas para crear movimientos de opinión favorable, situaciones de hecho mediante ocupaciones simbólicas o continuadas, recursos legales ante tribunales superiores (p.ej.europeos frente a los estatales, etc.).

- La existencia de la justicia local y de cuerpos de policía dependiente del poder local y/o regional. Sin capacidad de ejercer competencias de seguridad y de disciplina, de justicia y de sanción, no hay poder político. Es un campo en el cual los poderes de los Estados son especialmente susceptibles de perder su supuesto monopolio. La resistencia a una real descentralización de las funciones de seguridad y de justicia tiene el efecto perverso de la privatización por un lado, y la violencia urbana por el otro.

- la revolución en los medios de información y comunicación ha convertido en obsoletos el marco político y legal en que se desenvuelven. LA construcción de una democracia local telemática exige que el poder político local-regional pueda regular, programar y gestionar las TIC (tecnologias de información y comunicación) en su ámbito en un marco global que garantice el uso social y de participación ciudadana.

- La indefensión de los ciudadaanos en tanto que usuarios y consumidores, el respeto de sus derechos ambientales y a la calidad de vida, a la privacidad, deberia obligar a las instituciones políticas más próximas y a las administraciones dependientes de ella a actuar de oficio como defensoras de los derechos genéricos de los ciudadanos y por lo tanto a enfrentarse con los organismos públicos o privados cuyas actuaciones concretas los vulneren, aunque al hacerlo se apoyen en el derecho positivo o en la inercia administrativa.

- La promoción económica y la generación de empleo, la implantación de formas de “salario ciudadano” y la ejecución de políticas que combinen la productividad, la sostenibilidad y la cohesión social, exigen de los poderes locales una capacidad de coordinar los grandes proyectos urbanos, de desarrollar proyectos empresariales mixtos, de disponer de recursos ahora centralizados (p.ej. de obras públicas, de la seguridad social y de las instituciones de empleo)y de asumir unas competencias legales (de regulación de las actividades económicas y de sus impactos ambientales, de expropriación, etc.) de los que ahora casi nunca disponen.

- La identidad cultural, que en casos cada vez más numerosos adquiere o recupera una connotación “nacional” sin ser estatal, requiere para ser defendida y desarrollada una capacidad de autogobierno en educación, regulación de los medios de comunicación social de masas, uso público de la lengua y de los elementos simbólicos de una comunidad (p.ej. fiestas, monumentos, museos, etc.) que la tradición unitarista o centralista de los Estados acepta difícilmente. El anacronismo hoy es esta tradición que se considera moderna en el siglo XIX.

- La existencia de sectores de la población que no tienen reconocido el status de ciudadano plantea un problema especialmente delicado. El status de ciudadanía (derechos políticos, civiles y sociales que hacen una sociedad de iguales) va aun ligado a la nacionalidad que atribuye el Estado. Los no ciudadanos por otra parte niegan el valor integrador de la ciudad y su “capitis diminutio”contribuye a la xenofobia, al racismo, a la exclusión social y cultural y a la sobre explotación. La moral cívica se enfrenta a la legalidad estatal. El derecho a la ilegalidad, a defender a los “ilegales”, nos parece obvio.

En todos estos casos aparece precisamente como elemento común la necesidad de ampliar los márgenes de la legalidad. Somos conscientes que el derecho es la garantía de justicia y que proclamar la ilegalidad como práctica social en un Estado de derecho puede entenderse como propiciar la arbitrariedad y el privilegio de los fuertes. Y no solo resulta paradójico el mismo concepto de derecho a la ilegalidad, sino también el reclamar este derecho para instituciones del propio Estado, las locales o regionales, a las que además hemos tildado, en tanto que instituciones ocupadas por cúpulas partidarias y administrativas renuentes a la innovación política. Todo esto es cierto, si se analiza estáticamente.

Pero, no lo es tanto si lo vemos como un proceso en el que intervienen dialécticamente los movimientos sociales ciudadanos y la evolución de la opinión pública, el reforzamiento, por la vía de la renovación y de la confrontación con los Estados y los marcos legales estrechos, de los poderes locales y regionales y el desarrollo de contradicciones en el seno de las instituciones políticas y judiciales del Estado y de las instituciones supraestatales. El derecho a la ilegalidad es eficaz si se apoya en valores y principios universales que están recogidos en las Constituciones y Declaraciones de derechos nacionales e internacionales. Es decir, la ilegalidad jurídica es relativa y se apoya en la legitimidad moral o social (25). La iniciativa alegal y sobre todo ilegal de una institución política debe contar con un apoyo social muy fuerte en su territorio para que no conduzca a un fracaso que signifique un retroceso en vez de un progreso. Esta iniciativa será tanto más eficaz cuanto más pueda incidir en las contradicciones del sistema político y jurídico en cuyo marco se realiza.

El éxito de la iniciativa no consistirá únicamente en que se consiga inmediatamente el objetivo perseguido (muy difícil casi siempre), sino que se inicie o se acelere un proceso de cambio político y legal. Los movimientos ciudadanos y las instituciones políticas locales y regionales deben por lo tanto tomar iniciativas que se apoyen en la legitimidad de los valores que las justifican, que cuenten con un apoyo social fuerte y que respondan a problemáticas que les son propias. A partir de lo cual hay que tomar la decisión de impulsar acciones destinadas a cambiar el marco legal ejerciendo una fuerza que inevitablemente, en muchos casos, va más allá de la legalidad específica y de la práctica administrativa. Pero, con un objetivo claro : convertir el derecho a la ilegalidad en la legalidad de los derechos necesarios y legítimos.

redes-sociales-universales

El desafío político de la globalización para ciudades y ciudadanos

¿Las ciudades deben resignarse a ser continentes pasivos de las problemáticas sociales, culturales, ambientales... derivadas de la globalización y de la pérdida de capacidad reguladora de los poderes públicos estatales y supraestatales ? Si la ciudad es lo que se supone que debe ser, un lugar y una comunidad, con capacidad de autogobierno, si hoy es también un territorio articulado que en las regiones más desarrolladas y urbanizadas convierte a las ciudad en un sistema de ciudades. Si este espacio tiene vigencia económica, busca la cohesión social, tiene identidad cultural (o la construye), es capaz de definir estrategias de desarrollo concertados entre instituciones locales-regionales y sociedad civil. Entonces ¿se le puede negar el derecho y la posibilidad de ser un actor respecto a los contenidos problemáticos que asume ? Un actor que reclama intervenir en los procesos que generan los problemas de la ciudad y en las políticas con que se les da respuesta. El desafío político de la ciudad en la globalización es el de obtener un reconocimiento de actor político a escala global, más allá de su territorio y más allá de las cada vez más artificiales fronteras de « su » Estado. El mundo actual exige un planteamiento « glocalizador », una articulación de lo local-global (26).

¿Cómo puede darse esta articulación ? La cultura política y jurídica debe asumir la anacronia de monopolio que pretenden tener los Estados de ser los únicos sujetos políticos de las relaciones internacionales y de basar su legitimidad para ello en ser detentadores de la soberanía. Hoy en la vida política internacional existen por encima de los Estados los organismos internacionales, NN.UU . y otros menos políticos, pero que toman decisiones importantes a veces con escasa presencia de los Estados de las partes afectadas (27).

Además de la Unión Europea se desarrollan otras uniones políticas y económicas supraestatales. Por otra parte por debajo de los Estados, sin contar los grupos económicos (que tienen más fuerza que muchos Estados), se desarrollan redes y asociaciones civiles, de ONGs, de profesionales,... y de ciudades y regiones. Es el nuevo « tiers état » de la revolución francesa que pugna por ser reconocido por los otros dos. Los poderes locales y regionales reclaman su presencia en los organismos y conferencias internacionales y también en los procesos de elaboración y de seguimiento de los programas que los afectan directamente. Se proponen como partners tanto de los organismos internacionales como de los estatales. De hecho empiezan a ser normales en la Unión Europea programas a tres bandas (europea, estatal, local o regional). Otra dimensión de la glocalización es la importancia que adquieren los grandes ejes y las macroregiones que constituyen un muchos casos sistemas de ciudades transfronterizas, es decir que atraviesan fronteras. Es un caso frecuente en Europa (28). Estos ejes y macroregiones tienden a concertar proyectos y crear estructuras de coordinación. Incluso se habla de ciudades metropolitanas transfronterizas (entre Francia y Bélgica, Alemania y Francia, Suiza y Alemania, etc.). Una tercera dimensión de la glocalización es la reivindicación de las instituciones locales y regionales de obtener una garantía y una protección política y jurídica de su autonomía y de sus derechos en los marcos estatal y supraestatal de los organismos internacionales tanto políticos, como judiciales. Es decir, incluso a ser defendidas contra su propio Estado. Algunos progresos se han hecho en este camino como la Carta de Autonomía Local aprobada por el Consejo de Europa, ratificada por la mayoría de los Estados Europeos (lo cual es aun preceptivo para que los acuerdos internacionales sean aplicables a cada Estado... excepto cuando las grandes potencias imponen resoluciones del Consejo de Seguridad de NN.UU) y que ha servido de base a algunas sentencias del Tribunal Europeo. Estamos en los inicios de un cambio histórico. Pero solo en los inicios.

Los organismos internacionales son poco receptivos tanto por la pesadez y opacidad de sus burocracias, como por el dominio político que ejercen en ellos los gobiernos de los Estados. Estos gobiernos y su alta Administración no toleran fácilmente la intromisión de los poderes locales y regionales que introduce, es cierto, una considerable dosis de complejidad a la ya existente, aunque también facilita la elaboración y el seguimiento de políticas adecuadas a cada situación territorial. La resistencia de gobiernos y altas administraciones nos parece que se debe no tanto a razones funcionales ni a principios políticos, sino al afán de mantener su status de privilegio en los sistemas políticos de cada pais. Un cambio solo se producirá si regiones y ciudades generan una relación de fuerzas que progresivamente imponga su presencia en la vida internacional. Este proceso se ha iniciado ya en Europa por la presión del CMRE (Consejo de Municipios y Regiones de Europa), de la ARE (Asociación de Regiones de Europa), de Eurociudades y de otras organizaciones de ciudades y municipios.

La presencia activa de los gobiernos locales y regionales no equivale a un reconocimiento de la dimensión global de la ciudadanía en nuestra época. Es cierto que la presencia de las instituciones políticas de proximidad significa en si misma una democratización de la vida política institucional, por su relación directa con las problemáticas específicas de cada territorio y de sus gentes. Por los tanto esta presencia emergente de las ciudades en la escena mundial es un progreso de la ciudadanía. Pero no es suficiente. En la globalización se produce un considerable deficit 22 22 democrático. Los capitales, las informaciones, sectores minoritarios y privilegiados, de empresarios y profesionales, disponen de una capacidad y de unos derechos para actuar en el mundo global de los que no disponen las mayorias de ciudadanos.

Es suficiente citar tres ejemplos

- el acceso restringido a los grandes medios de comunicación social y el predominio de las ofertas de TIC dirigidas a demandas solventes

- la no adecuación entre los ámbitos de las decisiones económicas y las de la negociación de las relaciones de trabajo y de las políticas sociales.

- Las limitaciones de las migraciones que son mucho mayores que las que tiene el capital. Sobre el déficit de ciudadanía en un marco global, en este caso europeo, nos remitimos el Informe sobre la ciudadanía europea (29).

Queremos destacar especialmente la distinción que propone entre nacionalidad y ciudadanía. Lo cual permitiría a los « nacionales extracomunitarios » adquirir la ciudadanía europea sin que ello conllevara adquirir la nacionalidad de un país de la Unión Europea pero si equipararse en derechos. La ciudadanía no puede ser ya un atributo que concede exclusivamente el Estado. Los poderes locales y regionales y los entes supraestatales deben poder también definir y atribuir el conjunto de derechos y deberes que iguala a las gentes de territorios que son a la vez subestatales y globalizadores. Nuestra época exige un replanteamiento de la base territorial e institucional de los derechos y una ampliación de los mismos.

CONCLUSIONES

Nuevos derechos ciudadanos como respuesta política a los nuevos desafíos del territorio Los desafíos y sus respuestas exigen por su novedad una acción política nueva. Esta acción política difícilmente puede salir de las instituciones y de los partidos políticos posicionados en ellas que tienden normalmente a conservar el sistema que les garantiza la representación y el acceso a los puestos de gobierno. Hay una contradicción entre el respeto del Estado de derecho sin lo cual la democracia se pervierte por el uso arbitrario de la fuerza y la transformación de este mismo Estado, que si no se produce también lleva a la perversión del Estado de derecho por su incapacidad de responder eficazmente a los procesos excluyentes y a los nuevos desafíos. Transformación que difícilmente impulsan las cúpulas políticas y jurídicas del Estado, casi siempre conservadoras del sistema que les concede el poder.

¿Cómo salir de este «impasse »? ¿Cómo ir más allá, de las llamadas retóricas a la sociedad civil y a la iniciativa ciudadana? ¿Cómo hacer que las propuestas no sean utópicas, sino «eutópicas », situadas en el tiempo y en el espacio posibles, en un futuro más próximo que lejano y viables en unos lugares que las pueden recibir, concretar y realizar?

En primer lugar, no hay que ver el sistema político institucional como un todo homogéneo. No solamente por las lógicas diferencias ideológicas y de interés entre partidos políticos, sino también por como viven las contradicciones entre valores y principios generales por un lado y normas y prácticas políticas y administrativas por otro (30).

Otra contradicción bien evidente es la que se da entre, el ámbito político institucional local-regional y el estatal. Es bien sintomática la revitalización o la aparición ex novo de movimientos políticos « regionalistas » o nacionalitarios en Europa, el auge del « municipalismo » tanto en Europa como en América, y la emergencia de liderazgos fuertes en estos ámbitos (31).

Por lo tanto, el ámbito institucional, tanto político como judicial, ejecutivo como legislativo, supraestatal (europeo) como estatal y sobre todo local y regional, pueden ser receptores en muchos casos y impulsores en otros, aunque menos, de propuestas innovadoras. En cada caso ante cada tipo de propuestas se manifestarán contradicciones diferentes. P.ej. la renovación democrática de la política europea encuentra mucho más eco en el Parlamento europeo que en los Consejos de ministros (que representan a los gobiernos estatales). La modificación de los sistemas electorales encuentra una fuerte resistencia en los partidos estatales y es en cambio esencial para reforzar el ámbito político regional-local. Las propuestas renovadoras no pueden depender únicamente de lo que ocurra en un ámbito contradictorio, pero en el que predomina el conservacionismo, como es el institucional. Las contradicciones emergerán si hay una presión política exterior a las instituciones, social, cultural, que desarrolle iniciativas que impacten a la opinión pública y modifique la relación de fuerzas o el equilibrio establecido y que se concrete en propuestas de cambiar tanto normativas, como prácticas en la vida institucional. Por lo tanto, sin movimientos cívicos no habrá cambio político y si no lo hay tampoco habrá respuesta eficaz a los nuevos desafíos del territorio. Estos movimientos surgen de las propias contradicciones generadas por los desafíos analizados anteriormente. Las estrategias sobre el territorio, la «demanda » de ciudad y de espacio público, la reivindicación del reconocimiento social, político y jurídico, el rechazo a la exclusión, la exigencia de participación y de comunicación, etc. incitan a la acción a diversos colectivos de población en tanto que ciudadanos o «demandantes » de ciudadanía. Ahora bien, en la medida que nos encontramos ante problemáticas nuevas se requiere también una cultura política nueva que construya un discurso que proporcione legitimidad y coherencia a los movimientos cívicos. Si no es así se corre el riesgo de acentuar la fragmentación territorial y sociocultural, de dar una imagen anacrónica o corporativa de las iniciativas cívicas (que puede ser real si les falta un anclaje universalista) y de depender únicamente de cómo se resuelvan en cada caso las contradicciones en el sistema institucional establecido. Por esta razón estamos en un periodo en el que el rol de los «intelectuales » (en un sentido «gramsciano ») se convierte en decisivo (32).

Si a finales del siglo XVIII se construyeron las bases de la cultura democrática en un sentido civil y político, que tuvieron su máxima expresión en las revoluciones americana y francesa pero que solo se «universalizaron » y aun parcialmente en los siglos siguientes. Si a finales del XIX el movimiento obrero y socialista puso en primer plano la cuestión de los derechos económicos y sociales, que dieron lugar a las revoluciones de base proletaria y, sobretodo, al welfare state. Ahora nos corresponde asumir no solo el combate por la plena realización y su adecuación a las circunstancias actuales, de estos valores y objetivos universalistas, sino también los nuevos valores y objetivos que nos permitan dar respuesta a los nuevos desafíos (que a veces se denominan derechos 3ª generación, especialmente en la cultura de la ecología política). Nos parece que un camino útil es el seguido históricamente por todos aquellos que han promovido el cambio en nombre de los derechos de las personas. Es decir, en nombre de la ciudadanía, de los sujetos activos e iguales en derechos. La revolución americana se presenta como una exigencia de ciudadanía (cuya expresión más radical y muy actual es Thomas Paine).

LA revolución francesa proclama los « derechos del hombre » y define a todos los franceses como « citoyens » (tan es así que los partidarios del « ancien regime » se les denomina miembros del « partido de los extranjeros ». El movimiento obrero y socialista parte de la crítica de la contradicción entre derechos formales y derechos reales, entre las posibilidades que ofrece la nueva sociedad industrial y las opresiones y exclusiones a las que da lugar. Siempre en todos los procesos de cambio hay un punto de partida común : la exigencia de unos derechos que aparecen como legítimos pero negados a muchos, como potenciales pero no realizados. El objetivo histórico del socialismo europeo así como de los movimientos populares latinoamericanos del siglo XX ha sido convertir a las clases trabajadoras y en general a los excluidos en ciudadanos. Y en consecuencia su objetivo político principal fue conquistar los derechos que los harán ciudadanos mediante nuevas instituciones económicas, sociales y políticas (welfare state, planificación económica, contractualización de las relaciones laborales, etc.). Ahora y para concluir este trabajo vamos a intentar aportar una contribución a esta redefinición y ampliación de derechos de la ciudadanía a partir del tipo de respuestas que hemos dado a los desafíos citados en los puntos anteriores.

Todo ello sin pretender ni mucho menos proponer un catálogo exhaustivo.

1. Derecho al lugar : la gente tiene derecho a mantener su residencia en el lugar donde tiene sus relaciones sociales, en sus entornos significantes. O a tener otro de su libre elección.

2. Derecho al espacio público y a la monumentalidad : es el complemento necesario del anterior. Hay que dotar los lugares de significado y de calidad urbana.

3. Derecho a la identidad colectiva dentro de la ciudad : la organización interna del espacio urbano debe facilitar la cohesión sociocultural de las comunidades (barriales, de grupos de edad, étnicas, etc.)

4. Derecho a la belleza, al lujo del espacio público, a la visibilidad de cada zona de la ciudad. Cada parte de la ciudad debe tener su atractivo para los otros.

5. Derecho a la movilidad y a la accesibilidad : hay que tender a igualar las condiciones de acceso a las centralidades y la movilidad desde cada zona de la ciudad metropolitana.

6. Derecho a la centralidad : todas las áreas de la ciudad metropolitana deben poseer lugares con valor de centralidad y poder acceder con igual facilidad a los centros urbanos o metropolitanos.

7. Derecho a la ciudad : es la suma de los derechos anteriores, es decir el derecho de ejercer el conjunto de libertades urbanas. La oferta urbana global debe ser accesible, conocida y con posibilidad de ser usada por todos los que viven en la región metropolitana.

8. Derecho al acceso y al uso de las tecnologías de información y comunicación : Las administraciones públicas no solo deben proteger y garantizar este derecho sino también utilizar las TIC para democratizar realmente al acceso de todos a los servicios de interés general.

9. Derecho a la ciudad como refugio : La ciudad debe asumir áreas de refugio para aquellos que por razones legales, culturales o personales necesiten durante un tiempo protegerse de las instituciones, en tanto que éstas no son capaces de protegerlos . Por otra parte estas areas-refugios forman parte de la oferta urbana como aventura transgresora (33).

10. Derecho a la protección por parte del gobierno de proximidad ante las instituciones políticas superiores y las organizaciones y empresas prestadoras de servicios : El gobierno local debe actuar de defensor de oficio de los ciudadanos en tanto que personas sometidas a otras jurisdicciones y también en tanto que usuarios y consumidores.

11. Derecho a la justicia local y a la seguridad : Hoy la justicia es inaccesible para la mayoría de ciudadanos (por su coste, lentitud, etc.,). La seguridad es vista principalmente en términos de represión y se plantean políticas de seguridad sobre todo cuando la «inseguridad » afecta a sectores medios y altos y a agentes y representantes de las instituciones. La justicia local, de base municipal y la seguridad como actuación concertada entre la institución local y la sociedad civil organizada es hoy una demanda inaplazable de las mayorías ciudadanas, en la medida que puede asegurar una prevención más eficaz y si es preciso una reacción sancionadora más rápida.

12. Derecho a la ilegalidad : paradójicamente tanto los colectivos sociales como, a veces, las instituciones locales deberían asumir el coste de promover iniciativas ilegales o alegales para convertir una demanda no reconocida en un derecho legal (p.ej. para obtener la reversión de uso de espacio público congelado por una institución estatal).

13. Derecho a la innovación política : los gobiernos locales y regionales deben recoger las demandas sociales para innovar en cuanto a sistemas electorales, mecanismos de participación, instrumentos de planeamiento y de gestión, etc. (p.ej. el planeamiento estratégico es una innovación política aun no recogida por el derecho público).

14. Derecho al empleo y al salario ciudadano: el ámbito urbano-regional debe garantizar un rol social que proporcione ingresos monetarios es decir remunerados al conjunto de la población activa. Además de las iniciativas generadoras de empleo (p.ej.servicios de proximidad, ecología urbana, etc.) es en este ámbito que se pueden experimentar y gestionar algunas formas de « salario ciudadano ».

15. Derecho a la calidad del medio-ambiente : como derecho a una calidad de vida integral y como derecho a preservar para las generaciones futuras. Este derecho incluye el uso de los recursos naturales y energéticos, el patrimonio histórico-cultural y la protección frente a las agresiones a la calidad del entorno (contaminaciones, congestiones, suciedad, fealdad, etc.).

16. Derecho a la diferencia, a la intimidad y a la elección de los vínculos personales : nadie puede sufrir discriminación según sus creencias, sus hábitos culturales o sus orientaciones sexuales, siempre que se respeten los derechos básicos de las personas con las que se relacione. Todo tipo de vínculo personal libremente consentido (p.ej. parejas homosexuales) merecen igual protección. No hay un modelo de vida personal o familiar que tenga derecho a más protección que otro.

17. Derecho de todos los residentes en una ciudad a tener el mismo status político-jurídico de ciudadano : y por lo tanto igualdad de derechos y responsabilidades. La ciudadanía debe distinguirse de la nacionalidad (que en el marco de la globalización y de las uniones políticas supraestatales debe perder su actual carácter absoluto es decir la facultad de proporcionar un estatuto diferenciado). Es la relación con un territorio - con un entorno social lo que debe determinar el estatuto legal.

18. Derecho a que los representantes directos de los ciudadanos tanto institucionales (gobierno local y/o regional) como sociales (organizaciones profesionales, económicas, sindicales, territoriales, etc.) participen o accedan a las conferencias y organismos internacionales que tratan cuestiones que las afectan directamente.

19. Derecho de los ciudadanos a igual movilidad y acceso a la información similar al que poseen los capitales privados y las instituciones públicas. Derecho a acceder a todo tipo de información emanada de los organismos públicos y de las empresas de servicios de interés general. Derecho a la movilidad física completa en los espacios políticos y económicos en los que se encuentran inmersos. Derecho al uso social de las actuales tecnologías de información y comunicación, especialmente en las relaciones con las Administraciones públicas (p.ej. ventanilla única).

20. Derecho de los gobiernos locales y regionales y de las organizaciones, ciudades a constituir redes y asociaciones que actúen y sean reconocidas a escala internacional. Este derecho incluye tanto el reconocimiento por parte de las NN.UU. y de todos sus organismos y programas como de organizaciones mucho menos transparentes (como la Organización mundial del comercio o el Banco Mundial). La regulación de los procesos globalizados no la realizarán únicamente los gobiernos de los Estados y los grandes grupos económicos como el fracaso del AMI acaba de demostrar. Ver referencias citadas en nota 26.

21. Derecho a desarrollar una identidad colectiva como comunidad de ámbito regional-urbano y a conquistar la cota de autogobierno que ésta misma comunidad determine libremente, con la sola condición de que no excluya a ningún habitante del territorio de ninguno de los derechos de los ciudadanos del mismo.

El desarrollo y la legitimación de estos derechos dependerán de un triple proceso : - Un proceso cultural, de hegemonía de los valores que están en la base de estos derechos y de explicitación o especificación de los mismos.

- Un proceso social, de movilización ciudadana para conseguir su legalización y la creación de los mecanismos y procedimientos que los hagan efectivos

- Un proceso político-institucional para formalizarlos, consolidarlos y desarrollar las políticas para hacerlos efectivos. En la medida que en muchos casos estos derechos aparecen como una novedad política y no tienen aun el suficiente arraigo social, el rol de los intelectuales, a la vez como fuerza sociocultural y como colectivo capaz de definir los contenidos y las motivaciones de estos derechos, es hoy fundamental.

En esta etapa histórica el desafío que el territorio plantea a la intelectualidad exige un gran coraje moral y una considerable audacia política.

Jordi Borja

NOTAS

(1) J. Borja y M. Castells : Local y Global », (Madrid 1997)

(2) F. Choay : « Le règne de l´urbain et la mort de la ville » in « La ville. Art et Architecture », (Paris, Centre Pompidou, 1994), de conclusiones precipitadas y discutibles. F. Ascher : « La metapolis » Paris, 1995. Analisis de los procesos y de las políticas urbanas actuales ; probablemente el más completo de la literatura de los 90. Ver también Roland Castro : « Civilisation urbaine ou barbarie » (Paris 1994) J. Garreau : « Edge City : Life on the New Frontier » New York, 1991 J. Barnett : « The Fractured Metropolis », N. York, 1995 exponen los nuevos procesos suburbanos en la región del mundo –los EE.UU.-donde más se han desarrollado.

(3) M. Cohen : Intervención en el coloquio « Hacia una estrategia para Buenos Aires », B. Aires, Gobierno de la ciudad, 1997. (M. Cohen fue director del area urbana del Banco Mundial). En este coloquio también intervino Peter Rees, director de Planeamiento de la City de Londres, al que se cita al principio de este texto.

(4) J. Borja : « La ciudad conquistada », Primer Congreso Internacional de Ciudades Educadoras, (Ajuntament de Barcelona, 1990 y Revista Claves nº 11, Madrid 1991).

(5) La literatura sobre los requisitos para la eficiencia y la productividad de los sistemas urbanos actuales es muy numerosa. Un precedente interesante es Jane Jacobs : « Las ciudades y la riqueza de las naciones »,( Random House 1984, Ariel Barcelona, 1986) Véase M. Castells : « La ciudad informacional », Madrid, 1995 y su obra más reciente : « La era de la información », 3 vols. Madrid 1997. Y como las obras, entre otras, de S. Sassen, M. Cohen, M. Storper, F. Ascher, etc. (citadas en « Local y Global », op.cit.). Véase también los trabajos del Planeamiento estratégico de Barcelona (1988-98), en especial de F. Santacana, M. De Forn, F. Raventós, J. Trullén y otros.

(6) « No hay que temer a la globalización ».... siempre que se priorice la demanda interna, lo cual requiere invertir en el binomio capital fijo/empleo, como dicen O. Lafontaine y C. Muller en el libro (Biblioteca Nueva 1998) con el mismo título.

(7) La sostenibilidad de las áreas urbanas es obviamente uno de los grandes retos actuales. Las pautas actuales de consumo energético y de agua, los impactos ambientales del uso intensivo del automovil, las formas de desarrollo urbano que acentuan la congestión en áreas centrales y el despilfarro de suelo en las áreas de baja densidad, la creciente dificultad para controlar, eliminar o reciclar los residuos, etc. son problemáticas ampliamente estudiadas y debatidas. En este trabajo no nos proponemos tratar las temáticas económicas y ambientales, sino los desafíos políticos, sociales y culturales del urbanismo. Sobre la sostenibilidad urbana, entre la abundante y reciente bibliografía, pueden citarse 2 obras recientes editadas en Barcelona : el catálogo de la exposición : La ciutat sostenible / The Sustainable City (Centre de Cultura Contemporanea, 1997) y el libro de Salvador Rueda : « Ecologia urbana » (Beta Ed. 1995), que contiene abundante bibliografía.

(8) Nuno Portas : « A politica das cidades », Conselho economico e social, Lisboa 1996.

(9) Ver el Informe « Patrimonio arquitectónico y urbano. Aprendizaje de la ciudadanía » elaborado en el marco del Programa « Comenius » (Unión Europea DG XXII). Síntesis publicada bajo el título « Ville-citè » autor J. Tsiomis (Picard-Paris, 1998).

(10) Julian Gracq : « La forme de la ville », (Corti Ed. Paris, 1985).

(11) En España, en época de la dictadura, los polígonos de vivienda (grupos de viviendas sociales, similares pero de calidad inferior, a los « grands ensembles ») se diseñaban para facilitar su aislamiento y vigilancia y dificultar la vida colectiva. La revista “Ejército”, de las FF.AA. de la dictadura, publicó un amplio informe sobre urbanismo y seguridad (4 números, Madrid 1972). Incluso se limitaba la superficie de los bares para evitar que la gente se reuniera en ellos. Recientemente en bastantes ciudades americanas y también en Europa se tiende a poner rejas a espacios públicos de la cotidianidad. Los gobiernos locales que así actúan, por razones de « seguridad ciudadana » y a « petición del vecindario » según dicen contribuyen a agravar los problemas que quieren resolver. Las rejas generan abandono de la calle y oportunidad para la violencia urbana. Ver, p.ej. polémica sobre las plazas de Buenos Aires en la prensa de la ciudad de 1998. El autor ha tratado la cuestión del espacio público y su relación con la seguridad en “Espacio público y ciudadanía” (Revista “Dialogo” nº 24 Unesco, Mexico 1998) y en una versión más ampliada con el mismo título en un libro colectivo editado por el CCCB (Barcelona, 1998). Ver también “Ciudadanía y seguridad ciudadana” (Prevenció nº 14, Ajuntament de Barcelona 1998).

(12) Expresión de Oriol Bohigas. Ver « Reconstrucció de Barcelona », (Edicions 62, Barcelona 1985)

(13) Por ejemplo el Ministerio de Obras Públicas de Chile edita un libro muy bien realizado con el título de « Espacios públicos de Santiago » en el que solo aparecen reseñados edificios públicos de acceso restringido y jardines enrejados (Santiago de Chile, 1996). La Moneda, palacio presidencial, rodeado de unos espacios teóricamente públicos, pero de facto « militarizados », en los cuales se prohiben las manifestaciones cívicas, es un ejemplo de pervivencia de perversión dictatorial del espacio público democrático.

(14) P.ej. Nudo de la Trinidad en Barcelona. Una responsable del Ministere del Equipament francés comentó : « En Francia nunca se nos ocurrió hacer nada parecido ».. Es suficiente pensar en la gente que vive en la zona y no solo en los automovilistas que pasan.

(15) Es la lógica de urbanistas como Busquets, Leira, Nuno Portas, Herce, Ascher, de Forn y el mismo autor y que preside sus propuestas en ciudades como Barcelona, Bilbao, Lisboa, Buenos Aires, Santiago de Chile, Sto. André (S. Paulo) o Rio de Janeiro.

(16) No es casual que la ambiciosa política de espacios públicos en todos los barrios de Barcelona en la década de los 80 coincidiera con la puesta en marcha de la Descentralización en 10 Distritos, la mayoria de ellos de menos de 150.000 habitantes. Ver “Barcelona. Un modelo de transformación urbana” (J. Borja y otros. PGU, Quito 1995) y “Barcelona – La deuxième renaissance” (Revista Projet Urbain nº 14, editada por Arielle Masboungi -–Ministère de l´Equipement. Paris, 1998).

(17) El feminismo ha estimulado interesantes estudios críticos sobre la exclusión en el espacio público. Ver por ejemplo los trabajos de la Fundación Maria Aurelia Capmany en Barcelona y del « Colectivo de mujeres urbanistas » de Madrid. Un equipo de la Universidad de Hannover (Alemania) dirigido por Ursula Paravicini, arquitecta, está realizando una investigación comparativa en Berlin, Paris y Barcelona, sobre el uso de los espacios públicos desde una perspectiva feminista. Sobre América Latina véase el estudio de Olga Segovia y Marisol Saborido « Espacio público barrial. Una perspectiva de género ». (Sur. Santiago de Chile, 1997).

(18) Discurso de Salvador Allende del 11 de septiembre de 1973 ante el golpe militar que acabó con su vida y con la democracia.

(19) J. Delarue. « Banlieus en difficulté : la rélégation » (Paris 1991). Pero también se ha constatado que estas áreas marginadas pueden desarrollar una interesante cohesión interna (Le Monde 8-10-98, Coeur des cités).

(20) Ver la experiencia de la Asociación de Jóvenes de la Villette de Paris o del Ateneo Popular y su Escuela de Circo de Barcelona (Nou Barris).

(21) Ver la obra colectiva « Vers une economie plurielle » (Syros, Paris 1997) y el debate sobre la cuestión del salario ciudadano en la Revista Transversales (Paris), a partir de 1996.

(22) Ver los cahiers VECAM (Paris 1996-98) y el capitulo Ciudadania y TIC – (V. Kleck). Informe sobre la ciudadanía. Participación social y derechos cívicos – Comisión Social de Eurociudades (Barcelona 1998).

(23) Ver Jordi Borja : « Las grandes ciudades en la década de los 90 » (con M. Castells, I. Quintana y otros, Madrid 1990) y « Barcelona, un modelo de transformación urbana » (PGU Quito, 1995)

(24) Ver J. Borja y M. Castells : « Local y Global » (Madrid, 1997)

(25) Sobre estas bases se apoyan las acciones de ocupación de locales administrativos de los movimientos de los parados y sus exigencias de salario ciudadano y de inserción social remunerada (en Alemania y Francia especialmente). Algo parecido ocurre con los inmigrados « sin papeles » y los apoyos que reciben que no dudan en enfrentarse con la legislación represiva cuando p.ej. asumen públicamente que acogerán a los « ilegales » y que en ningún caso informarán a los servicios administrativos. Este anuncio de « intención de delinquir » o de haberlo hecho (que tiene antecedentes en otros casos como el aborto), permite que se exprese el apoyo social de ciertos movimientos cívicos. Otro tipo de situación interesante es cuando un acto « ilegal » es legalizado por los jueces al considerar la legitimidad de una acción en función de los principios generales del Derecho y de las normas constitucionales. P.ej. algunas sentencias favorables a los okupas.

(26) V. Manuel Castells : « La era de la información » vol. II. El poder de la identidad. (Madrid 1997), y la obra citada de J. Borja-M. Castells « Local y Global » (Cap. IX « Las ciudades en la escena mundial). J. Borja elaboró un Informe sobre Autoridades Locales y Organismos Internacionales que presentó con nombre G4 (IULA, FMCU, Metropolis y Summit) en la Asamblea de organizaciones internacionales de ciudades convocada con el apoyo de PNUD en Naciones Unidas (Nueva York, 1994).

(27) P.ej. la OCM (Organización Mundial del Comercio) o la reciente negociación sobre el AMI (Acuerdo multilateral de inversiones) entre la OCDE (25 paises representados) y los principales grupos económicos mundiales (las « multinacionales »)

(28) Véase p.ej. Plan Estratégico de Barcelona que define una macroregión estratégica que incluye 2 regiones del Sur de Francia (Languedoc-Rousillon y Midi-Pyrenées). En zonas menos desarrolladas y urbanizadas también emergen estos ejes urbanos transfronterizos. P.ej. en el Mercosur el eje Valparaiso-Santiago- Mendoza-Cordoba-Buenos Aires-Montevideo.

(29) Informe propuesta sobre la ciudadanía europea. Participación, derechos sociales y derechos civiles. Comisión Social de Eurociudades, Barcelona, 1998. Este Informe ha sido redactado por J. Borja, G. Dourthe y V. Peugeot, con la colaboración de Roger Sunyer, R. Erne, J.C. Boual, V.Kleck y representantes de las Eurociudades.

En él se proponen tanto medidas para reforzar la presencia de las instituciones locales y regionales en la Unión Europea como una ampliación de los derechos de participación, cívicos y sociales a escala europea para todos los residentes en los países de la Unión. En este marco se propone la adquisición de la ciudadanía europea por el hecho de residir en un país de la U.E., sea cual sea la nacionalidad de origen, la cual no se pierde. Los « ciudadanos europeos » sea cual fuera su nacionalidad tendrán los mismos derechos, incluidos los políticos, que los nacionales del país en que residen. Sobre la ciudadanía europea ver también el Informe del Comité de Expertos o Comité Pintasilgo sobre los derechos cívicos y sociales (Comisión Europea, Bruselas 1996), el reciente libro de Catherine Withol de Wenden (Fondation Nationale de Sciences Politiques, Paris 1997) y Europ Magazine-Europartenaires (Paris, mayo 1998), P. Herzog (Reconstruire un pouvoir politique – La Decouverte, Paris 1997) y Europe contre le racisme (Forum Alternatives Européennes, Paris 1997).

(30) Un « lugar » donde es especialmente interesante la aparición de contradicciones entre los valores éticos o morales reflejados en los principios generales del Derecho, en las Constituciones, etc. y el derecho positivo y sus formas habituales de aplicación es precisamente el ámbito jurídico, que no siempre es conservador como se tiende a creer. La doctrina como la jurisprudencia contribuyen a renovar la política reconociendo derechos tanto a las instituciones locales, como a los ciudadanos en temáticas novedosas p.ej. medio ambiente, derecho al empleo, espacio público – vivienda (caso okupa), privacidad, etc.

(31) La aparición de fenómenos políticos-locales tiene signos muy diversos. En algunos casos es una regresión evidente de los valores ciudadanos-universalistas, como el segregacionismo municipal de los suburbios ricos en Estados Unidos que dan lugar al triunfo de « movimientos cívicos » que se independizan política y fiscalmente y privatizan los servicios colectivos para su uso exclusivo (en California la mitad de los municipios han visto triunfar estos movimientos excluyentes). Hay regresiones peores, como las que conducen a la « depuración étnica ». Hay fenómenos de populismo local, con fuertes connotaciones conservadoras, pero que de todas formas introducen una cierta innovación en la política local poniendo encima del tablero problemáticas sentidas por la población sobre seguridad, empleo, eficacia de los servicios sociales, etc. Es el caso de los alcaldes electos fuera del sistema de partidos que empieza a ser frecuente en América Latina (ya lo era en USA). En Europa los gobernantes electos a nivel local y regional aunque tengan una etiqueta partidiaria tienden a actuar con mucha autonomia, cuando no confrontación, respecto a las direcciones partidiarias estatales.

(32) Por intelectuales entendemos no únicamente los productores de oficio de discurso teórico, sino todos aquellos que desde un rol político o de liderazgo social, desde una concepción comprometida con valores universales de su profesión, o desde su capacidad para producir elementos significantes (es decir cargados de « sentido », de suscitar ideas o emociones) y para incidir en los medios de comunicación y de intercambio simbólico, pueden contribuir a la renovación de la cultura política. No hay izquierda política y social sin izquierda moral, aunque no siempre coincidan.

(33) Ver J.B.V.N. Pleumetieers. El protagonismo de los ciudadanos. Ponencia presentada en la conferencia europea de prevención de la Inseguridad (Barcelona diciembre 1997). Publicada en la revista « Prevenció » (nº 14 Barcelona,1998). El autor defiende la existencia de « zonas de tolerancia » (droga, prostitución, etc.) como un componente de una política de seguridad. Pleumetieers es alcalde de Heerlen (Holanda) y se basaba en la experiencia desarrollada por su ciudad.

SEMINARIO INTERNACIONAL
EL RENACIMIENTO DE LA CULTURA URBANA.
Frente a La Globalización: Ciudades con Proyecto
En Rosario, 29 y 30 de junio de 1999
Teatro del Centro Cultural Parque de España

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